Por Mónica López
Si algún día tienen la oportunidad de visitar Francia y darse un tiempo para visitar un castillo, sin lugar a dudas mágico por su arquitectura, jardines, decoración y su gran historia, tomen en cuenta esto.
No es sencillo llegar hasta él, pero bien vale la pena tomar el tren suburbano como yo lo hice (en compañía de mi gran amigo), de París hasta Melun, ciudad a unos cuarenta y cinco minutos de la capital y después un Châteaubus (bus del castillo) que hace unos quince minutos aproximadamente.
En lo particular amo ese castillo, ya que es de arquitectura barroca, no muy frecuente en Francia; o bien es un barroco a la francesa, ya que el barroco español o italiano lo encontraban los franceses de aquellos tiempos muy vulgar y/o excesivo.
Pero les quiero contar un poco la historia del castillo y por lo que despertó una gran polémica en ese entonces. El castillo fue hecho por los maestros de la época. Uno de los mejores arquitectos, Louis le Vau, que supo adaptar el barroco de formas tan rebuscadas y de líneas curvas al característico clasicismo francés. Y qué se puede decir sobre la decoración por otro de los grandes llamado Charles Le Brun, con los mejores plafones y cuadros que cubrían paredes enteras contando la historia de algún grande de la antigüedad, y finalmente los jardines concebidos matemáticamente y en perfecta armonía con la naturaleza por André Le Nôtre, aprovechando la belleza natural del lugar.
Todo esto se desarrolla en el siglo XVII; un siglo importante en términos del arte y la historia de Francia.
El dueño de este castillo, Nicolás Fouquet, quien era el superintendente de finanzas del Rey Sol, es decir, del tan célebre Luis XIV, organizó una fiesta para dar a conocer su obra maestra, la cual se llevó a cabo con regularidad, pero nadie sospechaba que ese maravilloso lugar despertaría en el rey omnipotente una envidia que lo llevaría a tomar dos grandes decisiones, una muy afortunada para los francófilos y la otra desafortunada para el dueño del castillo.
La mala decisión fue que el superintendente de finanzas fue detenido y encarcelado, acusado de malos manejos financieros y condenado a muerte; nada pudo ser comprobado, así que el rey lo absuelve de la muerte pero es confinado toda su vida al encierro.
Y la maravillosa decisión fue mandar a construir el castillo que hoy por hoy es el centro de atención desde aquel siglo a nuestros días, el tan renombrado, bello y glorioso Versailles. Cabe mencionar que fueron los mismos artistas tanto para decoración como para los jardines.
Actualmente, Vaux le Vicomte es un museo que cuenta un poco lo mismo que yo les abrevié y también el paso de otros varios famosos personajes como Moliere, La Fontaine, y el cocinero Vatel (a quien se le atribuye la creación de la crema chantilly) que pertenecieran a la corte del tan grande aunque a veces autoritario rey.
El castillo, además, nos muestra la decoración original y recrea el mismo ambiente de la época.
La visita a este dominio es maravillosa, ya que es un viaje que nos remonta en el tiempo, imaginando lo fastuoso de la época, la soberbia expresión del arte. De ahí a nuestros días podríamos decir que Francia se hizo la reina del arte en su máxima expresión.
Su cúpula con una sonora campana que nos invita a ver el alba o bien el tan fantástico ocaso en sus tonos naranjas, combinado con el verdor de su majestuoso jardín lleno de fuentes que reflejan el azul del cielo, o la más cercana al castillo que, como espejo mágico, repite lo bello de su arquitectura. A lo lejos nos saluda una increíble escultura de Hércules descansando sobre una piedra; con una pose pacífica vigila todo el dominio.
Es un rincón más del paraíso que podemos encontrar en este maravilloso país, que lleno de historia y bellezas nos invita a conocerlo y disfrutarlo.
