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¿Por qué odio...?

¿POR QUÉ ODIO... LAS ODIOSAS PREOCUPACIONES EN TORNO A UNA BODA?

Por Julio M.

 

Toda boda posee misterios ocultos que los hombres somos incapaces de descifrar. Códigos secretos, lenguajes y significaciones que sólo las mujeres logran captar en su dimensión real. Esto es cierto, y también obvio. Después de todo, las bodas fueron creadas para las mujeres. El día del matrimonio, la novia es el centro de las atenciones. El novio va… porque no le queda de otra. Pero en el fondo sabe que su presencia se debe únicamente a cierto tipo de trámites, como firmar las actas, salir lo menos peor que pueda en las fotos, hacer payasadas cuando entra al salón de fiestas de la mano de su nueva esposa y antes de quitarle la liga, recibir abrazos amenazadores por parte de la familia de la novia (“le haces daño a mi hermana y te parto la madre, cabrón”, exclamó el príncipe) y, por supuesto, pagar la boda.

  

Esto es verdad. Ni modo, es el papel que el cosmos nos ha destinado. Pero una boda encierra muchas más cosas. Al menos para las mujeres.

  

Todo comienza cuando una mujer recibe una invitación para asistir a un casorio. Si la mujer es soltera, piensa: “Pinche vieja, ya me ganó. Yo creí que ella era mi esperanza de no ser la solterona del grupo y ahora resulta que se casa. Y todavía va a tener el descaro de casarse de blanco, como si no supiéramos todos la clase de zorra horrenda que es”.

  

Si es casada, sus pensamientos son del tipo de: “Ay, ¡qué divino! Por fin se casa mi amiguita. Y nosotras pensando que ya no salía ni con rifa de un solo boleto. No cabe duda que la liposucción hace milagros. Hace dos semanas ni quién se hubiera fijado en la pinche gorda, y ahora ya hasta se casa. Siempre hay un roto para un descosido”.

  

Sin embargo, hay un punto en que tanto casadas como solteras coincidirán: “¡¿Qué me pongo?! ¡No tengo nada que ponerme! Con el vestido rojo de encaje me veo gorda, el azul ya me lo han visto, el negro me lo puse en el funeral de la Chuchis, el beige es para bodas en jardín, el amarillo tiene una mancha que no se le quita desde que la babosa de Ana Carolina me tiró un plato de mole de guajolote encima, y todavía dijo la muy desgraciada que fue un accidente. Sí, cómo no. Si bien que veía sus miradas de odio porque yo lucía mucho más buenona que ella ese día. Claro, quién le manda comer como cerda y cultivar esas lonjas que no puede esconder ni con faja de asbesto”.

  

Una vez dicho esto, recorrerá su clóset de principio a fin, mirando y volviendo a mirar sus 237 vestidos y 768 pares de zapatos para concluir lo mismo con lo que empezó: “¡No tengo nada que ponerme!!!!!”.

  

Peligro. Si su pareja piensa esto, hombres… es hora de cancelar la tarjeta de crédito antes de que sea demasiado tarde.

  

Todos sabemos que esto es imposible. Cuando hay boda de por medio, las mujeres siempre querrán estrenar vestido. Y, por supuesto, ponerse a dieta estricta de agua deshidratada durante tres semanas. Porque, claro, una boda es un evento especial. Así es: las bodas no son celebraciones de amor, ni los invitados son testigos de esa manifestación hermosa, ni del compromiso que adquirirán ante Dios y ante las leyes. No. Las bodas son eventos diseñados para que se luzca la novia, y los invitados (el novio incluido) tienen la misión de parecer encantados, embelezados, con la hermosura de la novia… aunque esté más fea que una tortuga por atrás. Bueno, esto es en teoría. En la práctica, las bodas son una guerra civilizada entre las mujeres por ver quién es la que logra lucir mejor.

  

Para ello, recorrerán almacenes, tiendas, modistas, elegirán telas, encajes, holanes, aditamentos, para comprar o mandarse hacer el mejor vestido de todos. La finalidad es opacar a las demás, novia incluida, pero bajita la mano. Esta tarea les consumirá meses enteros. Verán vestidos, uno tras otro, irán a pruebas, harán ajustes… hasta que al final quedarán convencidas de que su vestido es hermoso, glorioso, encantador, sublime, hecho a la medida de sus propias perfecciones.

  

Sí, confiaron en su buen gusto, en su instinto de competidoras y cazadoras naturales, y saben que no hay modo de que alguien se vea mejor que ellas. Lástima que nadie les avisará que alguna, quien menos piensan, llegará con el mismo vestido… sólo que, a diferencia de ella, cuyo vestido le costó cuatro años de sueldo, el de la otra mujer le salió casi regalado, porque lo compró en La Lagunilla. Y en una de ésas, le salió gratis, porque se lo prestó su madrina o la güera que vende la ropa los domingos en el tianguis.

  

Sea como sea, el vestido que una mujer porta en una boda es una gran ilusión. Uno de los misterios sin resolver se presenta aquí: si tardan tanto en elegir, si gastan tanto y se ponen a dieta, ¿por qué el mero día todas lucen como Lola Beltrán con cólicos, Paquita la del barrio desvelada, la Nana del Conde Pátula o un taco de tripa forrado con encaje? Definitivamente, no existen los vestidos bonitos. O será la percha. Eso nadie logrará saberlo jamás.

  

Una vez que el problema del vestido ha quedado solucionado, viene otra preocupación vital: ¿con quién asistir? Si están casadas o tienen novio, no hay problema. Pero en las bodas siempre abundan las mujeres que van solas. Éste es un terreno escabroso. Cuando una mujer soltera recibe una invitación para ir a una boda… lo más seguro es que terminará yendo sola, por mucho que invite a algún amigo (que le cancelará dos horas antes), que trate de sobornar al chavo más guapo de su colonia (el cual tiene look como de galán de balneario), o que trate con desesperación de conseguir una cita. No, nada de esto funcionará. Está escrito que así será. Una mujer soltera siempre irá sola a una boda. Bueno, hay excepciones: cuando de último minuto logra que el hijo de la señora de la tienda la acompañe, y entonces él vaya luciendo su impresionante cola de caballo con moño rosa, la cual le encanta porque le han dicho que le da un aire impactante al Buki o al Temerario Mayor.

  

Otra de las preocupaciones es saber con quién compartirán mesa. Si se trata de un grupo numeroso de amigos, no hay tanto problema. Caerán en blandito, a diferencia de si les toca con perfectos desconocidos, con los cuales intercambiarán una interesante plática que se resume en “buenas noches” y “hasta luego, gusto en conocerlos”. También, la mesa que les sea asignada en el salón corresponderá al rango de vida social que ocupen; al estatus que posean entre la gente popular.

  

Si les toca en una mesa contigua a la de los novios, será la mejor señal de que son invitados poderosos y ocupan un lugar destacado en el feudo de la novia. Si les toca junto a las bocinotas, junto a la cocina o el baño… mejor pidan perdón y digan que se equivocaron de boda. De cualquier modo, siempre habrá un consuelo: si sienten que son amiguísimas de la novia y fueron invitadas, simples invitadas, resígnense: las mejores amigas fueron damas de honor o madrinas.

  

Ya instalados en la mesa, comienzan las miradas. Miradas que matan. La crítica silenciosa a las demás. Que si aquella se puso tanto maquillaje que parece payaso de crucero con todo y globos en las pompas, que si la de junto con ese vestido parece oso panda embarazado, que si a la de más allá se le marca la ropa interior negra bajo el vestido color hueso, que si a una más esa tanga que trae hace que en lugar de pompas se le vean dos mojones como de pañal caga’o. En fin. ¿Y qué piensan los hombres mientas tanto? Los hombres… los hombres pensamos en cómo irá el juego decisivo de la serie mundial que tuvimos que perdernos por venir a la cochina boda de una vieja que nos cae mal, o quizá nos estamos fijando en las demás chavas. Porque, eso sí, aunque casi todos los vestidos “de noche” son espeluznantes y horribles… ¡todos traen escote! ¡Dios bendiga a los escotes! Además, ya lo diría el poeta: la vieja ajena siempre está más buena (consuelo para las novias y/o esposas: para los otros hombres, ustedes están más buenonas que sus parejas).

  

Después, cuando terminó la cena (que consistió en crema de hongos de los pies, lomo de cerdo en salsa de píloro de perro, ensalada de pasto fermentado y postre de vainilla cubierto con chocolate abuelita), y cumplido el ritual del lanzamiento de ramo y de la liga, y el tan bonito baile de “A la víbora de la mar”, viene el primer baile de los novios.

  

¿Cómo se elige esta canción? Todos los novios tienen su canción. Una canción que adoptan por lo que dice o porque la escucharon en un momento decisivo de su relación. Por eso, los novios bailan románticamente al ritmo de “Arremángalo, arrempújalo, ¡sí!, arremángalo, arrempújalo, ¡no!”. O alguna otra canción similar, que va desde “Quiero bailar con la gorda, con la gorda, con la gorda”, “Cuánto por las nachas, doña Cuca, yo quisiera disfrutarlas un poquito…”, hasta cosas profundas y filosóficas tipo: “Cómo encontrarle pestañas a lo que nunca tuvo ojos”, o “Te voy a cambiar el nombre…”.

  

Bueno, este primer baile de los novios significa que se abre la pista… ¡y todos a bailar!

  

Terror para que las que van solas. Durante la cena, como quiera se colaron en las conversaciones de las parejitas que estaba a su lado. Pero ahora que comienza el baile… hay de dos sopas: o se quedan sentadas mientras las parejas se levantan a bailar y les encargan las bolsas y los celulares, o buscan a otra soltera con quien bailar. Sí, en las bodas nunca pueden faltar dos o tres mujeres bailando unas con otras. Se podría pensar que hay una tercera opción: esperar que algún soltero codiciado se acerque, las saque a bailar y entonces la magia se aparezca y con ella el amor. ¡Falsa esperanza!

  

¿En qué piensa una mujer soltera que va sola a una boda y se queda sentada, mientras las parejas bailan? “Ya valí madres. Me voy a morir sola. El amor no se hizo para mí. Voy de fracaso en fracaso. Todos los hombres son iguales. Todos me han hecho sufrir. No tengo suerte en el amor. Los dioses conspiran contra mí. Ya tengo 38 y no ligo ni por internet, ni poniendo una foto mía en topless. Buuuu!!!! El amor no se hizo para mí!!!! No por nada parece que retrataron mi vida en las películas Jamás besada y El diario de Bridget Jones. Pero si para cuando cumpla 45 sigo soltera, juro que tendré un hijo… o un nieto…”.

  

¿Y en qué piensa un hombre que se queda solo en la mesa mientras las parejas se levantan a bailar? “¡Qué chido! Ahora todo el pomo es para mí solo”.

  

Abramos un paréntesis aquí. ¿Quién elige la música que se bailará en una boda? ¿Son los novios? ¿Es el organizador del evento? ¿Es la banda o el dj? ¿Es el peor enemigo de la pareja? Es que… la música de boda es lo más espantoso que puede existir. Los novios, al ultimar detalles, dicen de pronto: hagamos la lista de canciones que se tocarán en la noche, y para ello, busquemos en www.lamusicamaspinchedelahistoria.com

  

Hay canciones que no pueden faltar en una boda que se respete. “Si tú quieres bailar… ¡sopa de caracol!”. “Y que no me digan en la esquina: el venado, el venado…”. “Todo aquel que piense que la vida es desigual tiene que saber que no es así…”. “Dale a tu cuerpo alegría, Macarena, que tu cuerpo es pa darle alegría y cosa buena…”. “Aserejé ja de jé de jebe tu de jebere sebiunouva majabi an de bugui an de buididipi…”. “A little bit of Monica in my live, a little bit of Erica by my side, a little bit of Rita is all I need, a little bit of Tina is what I see…”. “Ella prende la turbina, no discrimina, no se pierde ni un party de marquesina, se acicala va pa la esquina, luce tan bien que hasta la sombra le combina, asesina, me domina, janguea en carro, motoras y limosina, llena su tanque de adrenalina, cuando escucha reggaetón en la cocina, ella le gusta la gasolina (dame más gasolina!), cómo le encanta la gasolina (dame más gasolina!)”. Y mezclada con ritmos chafísimas para hacerla más bailable, el hit del momento: “Te miré, estabas tan bonita… tan sensual. Te imaginé ajena y me hizo mal, ay, ay amor! Ay, ay que dolor! Qué tarde comprendí, contigo tenía todo y lo perdí…”.

  

Bueno, este fenómeno no es nuevo. Siempre ha existido una canción ultra naca que se pone de moda y que no puede faltar en una boda. Así, hemos pasado por cosas como “Pajaritos a volar cuando acaban de nacer, su colita han de mover…”. “Los nenes con los nenes, las nenas con las nenas…”. “El parasol, el parasol…”. “Cuando le pedía leche no me daba, no me daba,  pero si quería cerveza la muy warra se meaba. La cabra, la cabra…”. “Si bailas cachete con cachete, pechito con pechito, ombligo con ombligo…”.

  

Pero la reina indiscutible de la noche... la canción siempre presente en una boda… la que si faltara en una fiesta matrimonial ocasionaría que la civilización se derrumbara… es una que posee letra mística y oscuros símbolos en su lírica: “No rompas más mi pobre corazón, estás pegando justo, entiéndelo, si quiebras poco más mi pobre corazón, me harás mil pedazos quiérelo…”.

  

Por supuesto, a esta canción debe seguir esta otra: “Me dijo con certeza que había más emoción que romper un sombrero o disparar un cañón, salvar la vida de un jinete cuando mal anda su suerte, soy payaso de rodeo-o. Le digo ven, ven, ven, animalito, ven…”.

  

Las dos chingadas canciones se bailan igual, pero ambas logran que hasta los muertos se levanten de sus tumbas a bailar. ¿Se han fijado? Pueden estar cansadísimos, llenos de sudor, con las carnes sueltas temblándoles por el ejercicio… pero apenas suenan estas canciones, y la pista se llena. Además, todos se saben la coreografía. Chale! ¿Cómo es que no logramos que todos los mexicanos se aprendan el Himno Nacional, pero todos, en serio todos, saben cómo bailar estas canciones?

  

Bueno, ya me desvié mucho. Vayamos a la última preocupación durante una boda: ¿quién se lleva el centro de mesa?

  

Esto nunca lo he entendido: ¿para qué quieren el centro de mesa? Nunca en mi vida he visto un centro de mesa que merezca estar en la mesa de una casa. ¿Para qué se lo llevan? Pero no sólo se lo llevan. ¡Se pelean por él! Desde mucho antes de que termine la fiesta, todas las mujeres comienzan a mirarse amenazadoramente mientras se dicen unas a otras en silencio: “Ese centro de mesa es mío, ¡perra!”. “Estás pendeeeja! Es mío!”. “Quita tus sucias manos de MI centro de mesa o te las arranco”. “Sueñas si crees que te vas a llevar MI centro de mesa. Si ya lo estoy viendo: esas flores de plástico amarillo combinarán de lujo con las cortinas color canario que estoy pensando poner en mi ante comedor…”.

  

No, en serio: ¿para qué se llevan los centros de mesa? Si quieren un recuerdo, mejor llévense los cubiertos… o las copas… o el mantel. Esto puede que valga la pena. ¿Pero pelearse por los centros de mesa, que terminarán en la basura? Porque, claro, de noche, todos los gatos son pardos. O sea, que los centros de mesa lucen bonitos en el salón de fiestas y a media luz. Pero cuando los tengan en su casa, a plena luz del día, verán que los dichosos centros de mesa por los que apuñalaron a dos señoras, le hicieron la huracanrana a tres, el papanicolao a otras cinco… y raspado vaginal con tenedor a la madrina de arras… ese centro de mesa parece bote de choco milk con flores que se robaron del panteón.

  

Bueno, supongo que ir a una boda puede resultar una experiencia muy interesante… al menos para las mujeres.

  

Moraleja: si te invitan a una boda y eres hombre, ten cuidado. O te aburrirás terriblemente… o eres el invitado de honor y ¡gulp! ya te amarraron.

 

 

 

 

 

 

Comentarios

 

Marco ha opinado:

Jajajajajaja está genial, expresaste perfectamente lo que todos pensamos y no nos atrevemos a decir, un abrazo fraterno!

March 18, 2009 11:11 PM
 

Brenda ha opinado:

MMMM no me simpatizas.... pero tienes razón...... jajaja bueno una cosa es que no me simpatices y otra que no me hagas reír.

Ps si tienes razón, pero acuerdate que a las mujeres no nos deben entender sino querer. Y yo si me llevo los centros de mesa.... que claro que terminan en la basura.

Saluditos

March 19, 2009 12:46 AM
 

Martuch ha opinado:

Jajajaja! hay de todo, debo decir... pero no me traumo por ir sola a una boda... :) y pues obvio, a una chava le hace más ilusión preparar boda... sin rayar en lo ridículo, claro está!

Jajajajajaja las canciones, buenísimo!! jajjajajaja!!!

March 19, 2009 9:39 AM
 

Blanca ha opinado:

Me caes taaaaan mal... y lo peor es que me río como mensa. No dejes de escribir. Consuélate escribiendo sobre nosotras para que los de tu género tengan un poquito de consuelo jajajaja

March 19, 2009 2:09 PM
 

Miriam ha opinado:

Eso está muy bueno, deberías hacer un artículo de por qué odias las canciones clásicas de una boda, sería genial..... siempre me río mucho cuando te leo!!!

March 19, 2009 5:10 PM
 

raquel ha opinado:

Que bárbaro.... hasta las lagrimas me sacaste... muy bueno tu artículo, te faltó comentar de las que hasta el salero se llevan y cuando comes... ya no hay en la mesa y muy descarada lo saca de la bolsa... porque de que las hay...las hay.

¿Y que tal de las que se "aperran" con el ramo de flores? no, no, no, esta buenísimo, me hiciste recordar alguna que otra boda.

March 23, 2009 7:40 AM
 

Memo ha opinado:

Mucho mi hermano! Eres chingón!

March 25, 2009 1:10 PM
 

Basilio Lopez ha opinado:

orale... con unas carcajadas termine hasta de un animo diferente.

April 10, 2010 7:08 PM

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About carlos

Chilango de treintaitantos años. Licenciado en periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Estimado editor, ¿desea contratar a alguno de los colaboradores? Escríbanos: contacto.semanal@yahoo.com.mx / carlos.diaz@contactosemanal.com