Esta experiencia me ocurrió hace dos fines de semana que salí con mis amigas… entre que nos llegó el momento de reflexión y de cuestionamientos de todo y a la vez de nada, Val y yo nos preguntábamos por qué es tan difícil enfrentar a nuestros amigos cuando sabemos que la están regando, o cuando están haciendo mal las cosas, o cuando están metiéndose en situaciones que probablemente no traigan consigo un buen resultado… o sea, por una u otra razón no somos capaces de decir las cosas como son y enfrentar a nuestr@ amig@ en cuestión. Por un lado, si somos amigos, para eso estamos, no? Para decir las cosas que creemos están mal, para abrirles los ojos cuando algún factor externo los ha cegado, y viéndolo por el otro lado, pues hay aceptar que las cosas nos las están diciendo por nuestro bien, sin ánimo de fregar y muy por el contrario, por nuestro bienestar. .. aunque en el momento no lo veamos así pero ni de chiste.
Pero es el temor o incluso el miedo de que se enojen con nosotros o la incertidumbre de no saber a ciencia cierta si lastimamos a nuestros amigos por decirles la verdad lo que hace que le pensemos dos veces a la hora de dar nuestras opiniones. Entonces es cuando me pregunto: estoy haciendo mi labor de amiga? Porque el ser amiga implica decir y estar en buenas y malas, no? Entonces si por alguna razón no digo lo que pienso, no me estoy portando como una amiga debería hacerlo. O estoy de plano siendo prudente para no crear conflictos? O para no arrepentirme más adelante de mis opiniones?
Y bueno, más me tardé en querer sacar alguna conclusión de este tema mientras me terminaba mi segunda copa de la noche, pues el ejemplo de este pequeño panorama ocurrió ahí mismo, en esa misma salida cuando estábamos debatiendo el tema… mi amiga Rita me estaba contando algo que hizo durante la semana, con lo que yo no estuve de acuerdo… y en ese momento se lo dije, le di mis motivos y le expliqué mis razones… Resultado? Que mi amiga me dijo: Bueno, a la otra no te vuelvo a contar nada. No me lo dijo seria, al contrario, entre las risas de que yo le comentaba lo que pensaba y ella me decía asustada ‘me das miedo!’ y entre que yo quería darle a entender mi punto de vista con la música a todo volumen en el bar, pues fue algo complicado llegar a una conclusión…
Pero bueno, ahí está el ejemplo; dije lo que pensaba, no creo que lo haya hecho en mala onda (Ritis, si así lo sentiste, juro que no fue así, lo dije porque te quiero!) y me topé con una pared… Y bueno fue que mi amiga no se enojó conmigo, porque bonita noche hubiéramos pasado ahí en el bar con jeta, verdad? Pero bueno… he ahí el cuestionamiento que desde ese día ronda por mi cabeza: como amiga debo enfrentar las cosas con todo y que me toque baño por lo mismo, o me debo volver solamente espectadora y estar ahí para cuando necesiten un hombro sobre el cual llorar o un buen consejo?
Nos vemos en la próxima! Y neta, dejen sus opiniones, caray!
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