Por Huajiba
Una prueba más de corrupción.
Hasta dentro de las corporaciones policíacas, que se supone serían los guardianes de la sociedad, se ha infiltrado el narcotráfico en Torreón.
Es una vergüenza el acontecimiento registrado este lunes. Federales contra municipales; enfrentamiento armado que puso de manifiesto una vez más la gravedad y la corrupción en que está sumergida la seguridad de nuestro País.
A las 3 de la mañana del pasado lunes, agentes federales detienen a cinco sujetos, a los cuales, después de una revisión, les decomisan cocaína y armas. Al percatarse de esto los policías municipales pretenden ayudarlos a escapar, conminándolos por el altavoz de la patrulla, sin conseguirlo.
Es entonces que los federales detienen a los policías y los trasladan a la dependencia de la PFP, donde minutos después llegan patrullas municipales con más elementos con la firme intención de rescatarlos, anunciando que a sangre y fuego los liberarían. Y es aquí donde los federales los cercan y comienza la balacera.
Al cabo de unos minutos de fuego cruzado, y haber sometido a los elementos municipales involucrados, el saldo fue la detención de 35 policías; además de un muerto caído en el enfrentamiento y dos heridos.
Los cinco delincuentes detenidos confesaron ser miembros del Cártel del Golfo, además admitieron que eran protegidos e informados por la policía municipal a cambio de “sueldos” de hasta 10 mil pesos.
La autoridad municipal no daba una versión oficial hasta pasadas las 12 horas, cuando el alcalde salió para decir solamente que se harían las investigaciones correspondientes. También hizo oficial el cese del titular de la Dirección General de Seguridad Pública Municipal (DGSPM) Alfredo Castellanos, quien por cierto había estado envuelto en eventos no bien vistos por la sociedad lagunera y que evidentemente estaba encubierto por el gobierno municipal.
Resulta vergonzoso y poco esperanzador todo el panorama, una burla y un ridículo pretender hacer creer a los torreonenses que el alcalde José Ángel Pérez no estaba enterado de estas colusiones.
Yo no sé qué será mejor para él, si que creamos que realmente es un tonto incompetente que no sabe lo que sucede con sus subordinados o que efectivamente estaba enterado (como todos los laguneros lo estábamos) y que alguna conveniencia debía hallar en eso para no ejercer su autoridad.
La dependencia de seguridad pública municipal estuvo sin una cabeza, sin un jefe; la protección de la entidad estuvo a cargo de los estatales y federales, quienes de alguna manera nos dan un hálito de resguardo y confianza para la cotidianeidad.
El gobierno estatal hizo el anuncio del arribo de 200 efectivos para reforzar la endeble seguridad en nuestra ciudad.
Cabe mencionar que el martes 9 de septiembre se hizo pública una orden de presentación en contra del ex funcionario Castellanos para que responda y dé versión sobre los hechos.
La conclusión a este hecho desafortunado no es más que el relato de una historia repetida en todo el territorio mexicano; el hartazgo ha llegado desde hace ya mucho tiempo y la ciudadanía está atada de manos viendo cómo el enemigo está dentro de casa.
Está, pues, abierto el cuarto oscuro. Ojalá que las entidades de gobierno, todos los niveles de seguridad, se pongan a hacer su trabajo y que sea en serio esta depuración y partan hacia una verdadera seguridad pública y al compromiso de una transparencia y una efectiva impartición de justicia.
No cabe duda que deben redoblar esfuerzos; esfuerzos que hasta el día de hoy no han sido suficientes para frenar la ola de violencia en que vivimos, ya que lamentablemente a la luz del día están expuestas sus limitaciones y sus ineptitudes; pero sobre todo la impunidad con que se manejan estos grupos delincuenciales bajo su protección.
Estamos viviendo la peor época de inseguridad en los últimos años en todo México. El pánico es general ante acontecimientos sangrientos que día a día van acabando con la confianza que pudiera haber en nuestros gobernantes. Grupos de secuestradores y de narcotráfico imperan en total impunidad con el consentimiento y complicidad de autoridades.
La sensación de la gente es de miedo, de frustración y de impotencia.
Torreón es ahora también protagonista de estos sucesos lamentables.
La ciudadanía exige más garantías, más certidumbre para que nuestra vida vuelva a tener un sentido de seguridad más tangible.
Y a usted, señor alcalde, le decimos: si no pudo, váyase.
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