Por Carlos Eduardo Díaz
La tragicomedia es clara: en México nadie es culpable aunque se demuestre que es culpable. Todos estamos libres de culpas, por eso podemos aventar la primera piedra. Y la segunda y la tercera. La culpa no es mía, es de quien estuvo antes que yo en el cargo, yo acabo de llegar, seis años no son suficientes para cambiar las cosas, tres años, mucho menos. Se trata de lavarse las manos, de nadar de a muertito, de jugar a pasarse la pelota hasta que le caiga al descuidado, no al responsable verdadero.
Cada año sucede el mismo cuento: en épocas de lluvias, decenas de comunidades son inundadas por la creciente de los ríos. Ahora sucedió fuera de temporada: las aguas negras afectaron a millones. Pérdidas materiales, humanas, cierre de autopistas.
¿Quién es el responsable? El gobierno federal, por medio de la Conagua, pasa la bola al gobierno estatal y éste al municipal. ¿Cuántos años llevamos sin que se invierta en infraestructura que impida estas tragedias puntualmente anuales? Nada se puede hacer si el Servicio Meteorológico Nacional equivoca constantemente sus predicciones, se defienden.
¿Pero quién aprueba los asentamientos irregulares, quién los promueve, quién los tolera? ¿Quién gana votos al comandar a los paracaidistas que se instalan junto a ríos, al pie de las montañas, al borde de barrancos y sobre las minas? Nadie. En México todo sucede por sí mismo, nadie lo provoca. La política es la verdadera mano invisible que hace pero no hace, que promueve y se esconde. Que avienta piedras y mira hacia otro lado.
Ciudad Juárez es otro botón de muestra. Se trata solamente de una ciudad, pero es el reflejo de lo que sucede en muchos otros lados. Muertes, masacres, asesinatos cada día. El narcotráfico y la violencia son las verdaderas autoridades. La situación es mucho peor; los periódicos no muestran la realidad, me dice un pariente que vive en la frontera.
Los jóvenes de Juárez intercambian armas como si fueran canicas, aseguran investigadores al diario Crónica.
¿Quién es responsable de todo esto? ¿Quién lo permitió? ¿Quién toleró que la delincuencia se colara hasta los huesos? El presidente asegura que es responsabilidad del estado; el estado apunta al municipio. El presidente municipal finge y desvía la mirada. Las autoridades se quejan las unas de las otras. Quejas, sólo quejas.
¿Usted vive tranquilo? Porque yo, no. Yo vivo con miedo y yo creo que muchos de mis compañeros vivimos igual, le dijo un joven al encarar al gobernador de Chihuahua; el mismo mandatario que apunta insistentemente con su dedo acusador al presidente Calderón mientras se lava las manos con comodidad.
NO a la generación del NO, firman en un desplegado connotados intelectuales y personajes públicos. La generación del no: los diputados que una y otra vez han echado para atrás las reformas, las han detenido, ignorado y congelado. Las reformas urgentes, necesarias, indispensables que el país necesita. Las reformas que, al no existir, nos han condenado a vivir como vivimos.
El PRI prometió apoyarlas finalmente. A cambio, pidió que Acción Nacional no se aliara con el PRD con miras a las siguientes elecciones estatales. El pacto estaba hecho. Pero el PAN armó la alianza y el PRI en venganza juró trabar toda reforma, sea la que fuera. El secretario de Gobernación renunció al PAN para intentar permanecer como un interlocutor parcial. ¿Quién aprobó las alianzas? ¿Qué tienen en común un partido de derecha con uno de izquierda que, más allá del hambre de presupuesto, se acusan continuamente de ser los causantes de todos nuestros males? ¿Qué clase de ética dirige las acciones de los priistas que ponen condiciones al desarrollo del país y su condición es mantener los gobiernos estatales en los que siempre han gobernado y a los cuales han explotado tanto?
¿Quién armó todo esto? ¿Quién lo permite, quién lo tolera, quién se beneficia? ¿Quién es el culpable de que el PRI esté de regreso, que no tengamos reformas, que la inversión se escape, que nuestra competitividad vaya a la baja, que nuestro sistema educativo no logre ser evaluado y nuestros alumnos tengan niveles de país de cuarta? ¿A quién podemos reclamar si en México nadie es culpable, ni siquiera los culpables?
José Vázquez Villagrana, alias “El Jabalí”, supuesto operador de “El Chapo” Guzmán, afirmó tras ser detenido que en Sonora están prohibidos los secuestros, las extorsiones, los robos y los cobros de piso. Los prohibió el mismo “Chapo”, el narcotraficante que logró escapar de una cárcel de máxima seguridad, el que un cardenal señaló su domicilio, el que aparece en crónicas de sociales, el que ha conservado prácticamente intacta su estructura operativa mientras sus rivales son exterminados, el que aparece en la lista de la revista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo.
Cuando las autoridades no cumplen su labor, dejan un espacio que alguien con poder pronto ocupará. Si Rafael Caro Quintero prometió pagar la deuda externa del país si lo dejaban vender droga libremente, el “Chapo” ha ido más allá. Regala juguetes, despensas, protege a la ciudadanía. Las autoridades se lavan las manos, pero el “Chapo” actúa. En Sonora está prohibida la delincuencia. La prohibió uno de los delincuentes más buscados. Mientras los cuerpos policíacos se avientan la bolita y se dedican a extorsionar al ciudadano, Joaquín Guzmán trabaja sin necesidad de propaganda. ¡Larga vida al “Chapo”! ¡El “Chapo” para presidente! Él sí cumple lo que promete.
¿Quién es el culpable de que el país esté al borde del abismo? ¿Quién, quiénes? ¿El presidente, los gobernadores, los presidentes municipales, los policías, la educación o acaso todos como sociedad? En México nadie es culpable aunque se demuestre que es culpable, y ésta es una de nuestras tragedias más vergonzosas que nos atan a vivir en la pobreza.