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En esta esquina

OTRA DERROTA PARA MÉXICO

Por Carlos Eduardo Díaz

 

Confieso que mi visión de la realidad es idílica. Yo aún creo en la buena voluntad de las personas, y creo también en que es posible salir de la pobreza. Amo a mi país. Todos los días veo y escucho noticiarios, leo el periódico, analizo las opiniones de columnistas y articulistas, y la conclusión a la que llego siempre es que es posible convertirnos en un país más próspero.

  

Otra confesión: me aterra completamente la división de clases. Visito zonas exclusivas de la ciudad. Polanco, las Lomas, Santa Fe, San Ángel. A juzgar por lo que veo, México es un buen lugar para vivir. Hay más personas ricas de lo que parece. Pero después paso por las zonas marginadas: Iztapalapa, Nezahualcoyotl, el Bordo de Xochiaca, la colonia Morelos, el viejo pueblo de Chalco. La pobreza es extrema y evidente. Los contrastes saltan a la vista.

  

Lo que en un lugar son casas enormes con jardines perfectamente podados, calles amplias, limpias e iluminadas, comercios, cines y restaurantes, en el otro son basura acumulada en cada esquina, bardas pintadas, muro tras muro en tonalidades grises, con pocos árboles, a veces ninguno; alumbrado público inexistente, tiendas de abarrotes enrejadas. Los contrastes saltan otra vez sin el menor esfuerzo.

  

¿Qué es lo que sucede? El dinero marca la diferencia, es verdad. Pero no es la única diferencia. Los ricos cuidan. Los pobres destruyen. No generalicemos. Conozco casas humildes cuyo buen gusto y limpieza son superiores a las casas de los más ricos. Pero ahora me refiero a la vía pública. A las calles que por ser de todos no son de nadie.

  

¿Cuál es la diferencia entre una calle en Lomas de Chapultepec y una en las zonas clase medieras de Iztapalapa? ¿Es acaso que los gobiernos delegaciones cuentan con mayores presupuestos para limpiar o que la seguridad privada evita el vandalismo? Es posible. Pero me queda la impresión de que la gran diferencia es la gente. Los habitantes de un lugar y otro.

  

He visto bardas pintadas con graffiti en zonas ricas. Pero en las zonas pobres no son la excepción; son la regla. He visto basura tirada en zonas ricas. Pero en zonas marginadas la basura se acumula por semanas o meses. A las simples bolsas de basura se suman sillones, perros muertos, aparatos eléctricos. ¿Cuál es la diferencia? ¿Que una delegación cuenta con presupuesto para limpiar constantemente o que la gente, mucha de la gente, tiene la conciencia de mantener limpio su lugar de residencia?

  

Odio las comparaciones y odio estos comentarios que emito. No me gusta ser clasista. No puedo juzgar a un rico de buena manera por ser rico y condenar a un pobre por el sólo hecho de ser pobre. No se trata de eso. Digo que la voluntad de cambio está en cada uno de nosotros. Pero así como muchos de los ricos honrados cuidan lo que con tanto trabajo han obtenido, algunos pobres expresan su resentimiento social por medio de la destrucción.

  

Yo creo firmemente en que un pobre es capaz de salir de la pobreza. Su esfuerzo, su empeño y su disciplina son la clave. Un pobre, sin embargo, siempre enfrentará mayores obstáculos. El color de la piel, su apariencia física, su vestimenta, preparación y nivel de roce social son elementos que ayudan o entorpecen. Es odioso pero cierto. No obstante, sigo creyendo que es posible salir de la pobreza si se sigue la ruta indicada y se tiene la ventaja de las posibilidades.

  

Sucede lo mismo con el país. La brecha entre ricos y pobres es inmensa. Pero es posible reducirla. La mayor de nuestras ironías, sin embargo, es que nuestros legisladores, que deberían ser quienes establecen reglas equitativas y sensatas que ayuden a los pobres a dejar de serlo, son los primeros en actuar con un resentimiento social extremo y elaboran leyes que condenan a los pobres a seguir viviendo en la miseria.

  

Me explico. En este caso sí existen las recetas para dejar de ser un país pobre, o con millones de pobres, como se quiera ver. No son recetas inventadas: son los métodos que países como Corea del Sur, España, Chile e Irlanda han establecido, y que ahora mismo están siguiendo naciones que ya son potencia, como los casos de China e India.

  

No es ningún secreto. Se trata de volverse un país más competitivo que atraiga inversión, la cual genere empleos fijos bien remunerados y que les permitan a los trabajadores vivir cada vez mejor, contar con prestaciones y servicios públicos de calidad. Nada fuera de nuestro alcance.

  

Se trata de elevar nuestro sistema educativo: contar con maestros capacitados, con buenos sueldos, que se dediquen a enseñar. Escuelas aptas y equipadas. Se trata de contar con infraestructura eficiente, como carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos. Se trata de tener un transporte público efectivo y seguro que incentive el que la gente deje de usar sus autos, así contaminarán menos y se disminuirá el caos vehicular. Se trata de otorgar incentivos fiscales a los empresarios nacionales y extranjeros, de modo que parte importante de sus ganancias se queden en el país bajo la forma de ahorro, inversión y reinversión. Se trata de combatir efectivamente la corrupción, terminar con la tramitología, enfrentar efectivamente al crimen, desde el pequeño hasta el más grande, de mejorar los sistemas de salud, de sanar las finanzas, de distribuir la deuda y ponerle un fondo a las pensiones para que comiencen a crecer por sí solas. Se trata de ser sensatos simplemente y crear las condiciones que nos permitan vivir mejor.

  

No suena complicado. No lo es en realidad. Pero en México, nuestros políticos ponen todo su esfuerzo en ir en la dirección opuesta. A ellos no les preocupa nada: pueden darse el lujo de bloquear calles, realizar plantones, actuar con resentimiento social de “pobre” y atacar a los “ricos” mientras cobran jugosos sueldos y prestaciones. A ellos no les importa porque tienen asegurados cientos de miles de pesos al mes. A ellos no les importa vivir de dañar al país.

  

La reforma en materia petrolera era una oportunidad de oro. Representaba una esperanza muy real de aumentar nuestra competitividad, elevar nuestras reservas, ampliar nuestro juego energético, enfocar nuestras baterías en lo mucho que tenemos, dejar de importar gasolina y regresar a ser exportadores de crudo, contar con lo necesario para su refinación y detener esta dependencia que como país tenemos de un recurso no renovable y que se está terminando, como lo es el petróleo.

  

Pero una vez más no supimos aprovechar las oportunidades. Una vez más, las ideologías vencieron a la razón. Una vez más, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para seguir estancados. Una vez más nos esforzamos por mantener a los pobres en la pobreza. Una vez más seguimos jugando el absurdo juego del poder político. Una vez más México ha sufrido una dolorosa derrota.

  

¿Por qué no se logró la pretendida reforma petrolera? Por nuestros políticos. ¿Es acaso que a los priistas y perredistas les importa tanto el petróleo? No y contundentemente no. Los políticos juegan su absurdo juego de poder: tener más, ganar más, ampliar su influencia.

  

Las elecciones de 2009 se acercan y nadie quiere tomar medidas “impopulares”. ¿Qué medidas impopulares serían éstas? Ir en contra del dogma de que el petróleo es nuestro y que el mundo entero, los Estados Unidos en primer lugar, desea robárnoslo. ¿De quién es el petróleo? ¿Nuestro? No. El petróleo es de un Pemex oscuro, manejado por un sindicato corrupto, cuyo líder se ha enriquecido hasta la saciedad. Esto es lo que protegieron priistas y perredistas en realidad.

  

Sin la reforma, México pierde competitividad. Como si no fueran suficientes las inercias negativas de los mercados internacionales, como si no fuera suficiente la crisis, el miedo y la volatilidad, nuestros legisladores han enviado un claro mensaje al mundo: en México no necesitamos la inversión. Extranjeros, go home!

  

México no necesita más empleos, México no necesita ser más próspero, México no necesita mejores servicios de salud y educación; México no necesita nada porque está bien tal y como está.

  

Ése ese el mensaje. Los legisladores que detuvieron la reforma han festejado. Han tomado estos hechos como un logro, una victoria. ¿Victoria de qué? ¿Sobre quién? ¿Victoria sobre la esperanza del país? Gracias, señores legisladores. Gracias, señor López Obrador. Gracias a ustedes tenemos garantizada la pobreza.

  

La prosperidad es posible. A pesar de crisis internacionales, de recesiones y altas y bajas en la Bolsa, la prosperidad es perfectamente posible. Sólo hay que aplicar las medidas correctas y avanzar todos en una misma dirección; algo que los mexicanos nos empeñamos en no hacer.

 

 

 

 

Comentarios

 

Yola ha opinado:

Cuanta razón tienes!!!

Desgraciadamente al pobre lo comprarón por hambre y con engaños, les llenaron la cabeza de mierda y ahora seguiremos en las mismas de siempre...

Que triste es ver que siendo México un país tan rico en infinidad de recursos naturales, los mexicanos nos empeñemos en seguir viviendo en la mierda una vez más.

October 22, 2008 10:46 PM
 

Truchis ha opinado:

Finalmente algo que puedo leer y entenderlo a la perfección!!! como siempre he dicho, el problema va desde arriba, tendríamos que barrer con toda la bola de inútiles que se dicen legisladores nuestros que ven por el país... ja! lo único que les interesa es recibir su sueldo, bonos, incentivos y seguir comiendo gracias a nosotros. Hasta cuándo se va a permitir?

Qué lástima que un país con tanto que dar... sea manejado por pendejos. Así de fácil.

October 23, 2008 6:40 AM
 

Mónica ha opinado:

Tienes toda la razón y deberiamos de hacer algo al respecto, por que, bien es cierto que nos manifestamos  y no nos hacen caso. Pero el país no debe tocar fondo, tenemos que sacarlo del hoyo.

Yo que estoy  fuera desde hace poco tiempo te puedo decir que quieren mucho a México pero ya saben que es muy peligroso.

Gracias por el articulo

October 23, 2008 11:16 AM
 

mazi ha opinado:

No podía yo haberlo dicho con mejores palabras, estamos queriendo NO salir del hoyo, siempre con la esperanza de fregar al prójimo, espero que algún día abramos los ojos y nos demos cuenta que es mejor luchar para un mismo sentido, con esas actitudes solo estan acostumbrando a la gente a estirar la mano sin el menor esfuerzo, como dices, no juzgar a todos por igual, mucha gente tiene sus ideales muy claros.

Ojala y algún día de verdad cambiemos de manera positiva, pero lamentablemente el mexicano esta optando por "chinga a tu prójimo, como te chingan a ti mismo" que tristeza.

Muy buen artículo, bien expresado y muy claro. Felicidades.

October 28, 2008 11:25 AM

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About carlos

Chilango de treintaitantos años. Licenciado en periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Estimado editor, ¿desea contratar a alguno de los colaboradores? Escríbanos: contacto.semanal@yahoo.com.mx / carlos.diaz@contactosemanal.com

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