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September 2009 - Artículos
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Por Carlos Eduado Díaz

Los hay de muchas clases: simpáticos, olvidados, históricos, macabros. Pero todos estos personajes tienen algo en común: sólo en México pudieron existir. He aquí la segunda y última parte de este inventario de ocurrencias.
51.- Rafael Caro Quintero. El primer narcotraficante "famoso" que tuvimos, fue apresado en 1985. En esos momentos, se encontraba con su novia, que era hija de un ex secretario de Educación del estado de Jalisco y sobrina de un ex gobernador de la misma entidad. En entrevista, el "Narco de narcos" involucró a personajes de altísimo nivel y prometió: si me dejan trabajar en paz, en unos años pago la deuda externa de México. Su popularidad se debió también a una enorme cantidad de chistes y bromas que se inventaron en torno a su persona, entre ellas, una entrevista (ficticia, desde luego) que le realizaron en el reclusorio, y donde sentenciaba: "Estudié hasta primer año de primaria. Soy narcotraficante. Supe que para lograrlo tenía que esforzarme y dar lo mejor de mí, así como repartir Grand Marquis entre toda la policía, porque éstas son las oportunidades que me brinda este país, ya que México es uno y uno es México".
52.- San Malverde. El "santo patrono" de delincuentes en general y narcotraficantes en particular se habría llamado Jesús Malverde. Su existencia no está comprobada, pero se dice que fue salteador de caminos en su natal Sinaloa. Lo llaman también "El bandido generoso" y "El ángel de los pobres". Según las versiones, habría muerto en 1909 y desde entonces realiza favores y milagros a finas personas como asesinos, secuestradores y hombres de negocio dedicados a las drogas ilegales. Tiene diversas capillas en el norte del país y por supuesto su "santidad" no está avalada por la Iglesia.
53.- Alfredo Ríos Galeana. "El enemigo público número 1" fue comandante del Batallón de Radio Patrullas del Estado de México. Gracias a esta experiencia, se dedicó a robar bancos entre 1981 y 1988. Su banda, se decía, portaba pistolas de oro. Fue capturado y siempre se escapó. Una de sus características era burlarse y desafiar a la policía, por lo cual era buscado con mayor insistencia. En una ocasión, fue rescatado gracias a una granada de mano, arrojada en un Juzgado. Por fin, lo atraparon en 2005, cuando, en Los Angeles, California, tramitó una licencia para conducir con su verdadero nombre. Tenía 68 años de edad y presentaba múltiples cirugías plásticas. "De por sí estaba feo desde antes…", aseguraba la gente.
54.- Ernesto P. Uruchurtu. Lo apodaban "El regente de hierro". Entre la clase trabajadora gozaba fama de recto, justo y amigable. Para él, la moral estaba antes que todo, por lo que ordenó cerrar decenas de cantinas, cabarets, carpas y salones de baile, muchos de ellos, de gran tradición y llenos de historias, como el Tívoli. Su gestión duró 14 años, todos ellos repletos de anécdotas reales e inventadas. Por ejemplo, cuando se presentó la obra de La Celestina, se multó al empresario por exhibir "pornografía". Pero esto no fue todo: también se dictó orden de aprehensión contra su autor, Fernando de Rojas… quien había muerto hacía más de 400 años.
55.- Paco. A finales de la década de los 90, en el sur de la ciudad de México, microbuses y camiones de pasajeros presumían una cierta leyenda particular en sus ventanas: "Paco es amor". La frase, en grandes y muy visibles letras, intrigó por meses a los usuarios, hasta que al fin se reveló el misterio: Paco era un cobrador, entonces recién fallecido, que daba facilidades a los choferes. Un hombre de confianza, un amigo sincero que se ganó el cariño del gremio que lo inmortalizó en los parabrisas para pasearlo por la ciudad.
56.- Rigo. Rigo Tovar, popular cantante de cumbias, se caracterizaba por sus enormes gafas oscuras que lucía en todas partes, ya fuera de día o de noche, en interiores y exteriores. La razón es que era invidente. Pero esto no fue obstáculo para que sus bailes, sus canciones y su peculiar manera de vestir, inaugurara, a decir de muchos, la naco cultura mexicana, que iba desde las chamarras de plástico hasta el peluche de colores vivos en los tableros de los automóviles. Gran homenaje para el ídolo, y muy merecido, porque, después de todo, "Rigo es amor".
57.- Beto Pelotas. Junto con sus cómplices, entre ellos "Hugo Bocinas", Gilberto Gutiérrez Pérez alias "Beto Pelotas" fue condenado por diversos homicidios. Eran asesinos de Tepito, el famoso y popular barrio capitalino. Algunas de sus víctimas fueron "El Pato", "El Grillo", "El Ploky" y "El Sano". Pocas veces los medios de comunicación se habían llenado de fauna urbana tan diversa y sonora. "Beto Pelotas" fue sentenciado a 149 años de prisión. Ya lo entrevistaremos cuando quede en libertad.
58.- Doña Chayito. De oficio, era vendedora de periódicos y revistas: voceadora. Murió a los 98 años, pero todavía unos meses antes, Rosario Iglesias continuaba corriendo en maratones internacionales. Su estatura era pequeñísima, su cuerpo un poco encorvado, pero esto no le impidió que su voluntad fuera mayor. Su récord como corredora es de 104 triunfos, con 31 medallas a nivel internacional y 72 nacionales. Su avanzada edad nunca fue un obstáculo: participaba en carreras de mil 500, 800, 400 y 200 metros.
59.- El elote cancionero. ¿Alguien sabe cómo se llama? Al parecer no, pero este peculiar vendedor de elotes todavía recorre las calles de Monterrey en su triciclo, donde lleva también, muy bien montada, una bocina para propagar sus cantos. Físicamente se parece a Pedro Infante, y su voz no se queda atrás: quienes lo escuchan, aseguran que es como estar en presencia del popular ídolo, pues este elotero anuncia su paso al son de "Amorcito corazón, yo tengo tentación de un beso…".
60.- Manuel Uribe. El hombre más gordo del mundo superó los 600 kilos de peso. Cuando pidió ayuda, los médicos lo encontraron en su casa de San Nicolás de los Garza, Nuevo León, sentado en su cama, posición única que conservaba de día y de noche. Ahora ya bajó unos cientos de kilos y recorre las calles de Monterrey en la parte trasera de su transporte: un pequeño camión de redilas adaptado.
61.- Agapito Treviño. Era 1850 y aún no cumplía los 20 años, pero ya aterrorizaba a los habitantes de Monterrey. Sus atracos eran incontables y su fama muy temida. Lo llamaban también "El caballo blanco", por el color de su montura. Dos veces fue aprehendido y dos veces se escapó. La tercera, fue capturado en Texas, donde lo fusilaron sin mayores trámites. En su defensa, hay que decir que nunca mató a nadie, aunque a sus víctimas las dejaba, literalmente, en puros calzones. Se dice que reunió una enorme fortuna, que sigue oculta en una cueva del Cerro de la Silla, pero protegida por una maldición: quien entre a la cueva, no volverá a salir.
62.- Rosendo Ocañas. Nació en el Rancho Escondido de Montemorelos, Nuevo León. Fue poeta, compositor y novelista. Su obra más conocida es Porfirio Cadena El Ojo de Vidrio, que fue adaptada para radio en aquellos años cuando, sin televisión, la imaginación constituía el mejor pasatiempo de todos. "El Ojo de Vidrio", también vuelto corrido en voz de "Piporro": "Se disfrazaba de arriero para asaltar los poblados / burlándose del gobierno, mataba muchos soldados / nomás blanqueaban los cerros / de puros encalzonados (bueno, blanqueaban los que tráiban, los que no, pues nomás negreaban)".
63.- Sara Santos. A finales del siglo XIX y principios del XX, los médicos definían la locura como una enfermedad que distorsionaba el funcionamiento de la mente. Quienes la padecían, manifestaban incoherencia en el lenguaje, desequilibrio humoral y desórdenes físicos del cuerpo. Estos síntomas son los que mostraba Sara Santos, detenida por la policía en la calle Mesones en 1910. La joven, de 18 años, vestía de rojo, usaba medias acanaladas, y para colmo negras, blusa de satín blanca con un enorme escote por donde se asomaban sus pechos. Espectáculo tan inmoral no podía ser obra más que de la locura, por lo que fue internada en el famoso manicomio de La Castañeda y se convirtió en uno de los pacientes más populares.
64.- Lupe Rivas Cacho. Le decían "La Pingüica" (por chaparrita); nació en 1894 y murió en 1975. Desde los 13 años comenzó a trabajar en zarzuelas y operetas, para después integrarse al teatro de revista. Fue la iniciadora del teatro de revista de sátira política mexicana. Ella fue la primera que se atrevió a burlarse de los políticos en público. Para que sus personajes lucieron reales, le compraba su ropa a los indigentes y borrachos. También tenía fama de que era re buena para el albur.
66.- Kid Azteca. Luis Villanueva Páramo "El campeón sin corona" nació, ¿dónde más?, en el barrio de Tepito. Entre los años 30 y 40 lució su boxeo en todo el país, no así en el extranjero, donde siempre lo pusieron obstáculos para pelear por un título y le escatimaron los triunfos. En su tiempo, fue el peleador más taquillero de México y la delicia de los espectadores. Ya con cierta edad, era común encontrarlo en las tiendas del centro de la ciudad de México golpeando rollos de tela para entretener a sus aún fieles seguidores.
67.- Teófilo Pedroza. Fue el autor del poema picaresco (el más antiguo que se conoce) llamado El ánima de Sayula. Las rimas, basadas en una historia local de Jalisco, cuentan la historia de un alma en pena, a la que hay que tenerle cuidado, pues al hacerle frente para que revele el escondite de su tesoro, lo que revela es otra cosa peor, mucho peor: "Me llamo Perico Surres / dijo el fantasma en secreto / fui en la tierra buen sujeto / mayate mientras viví" … "Esas talegas soñadas / aquí las traigo y son dos, / y dale gracias a Dios / que las cargo para ti".
68.- La Madre Conchita. Concepción Acevedo de la Llata fue implicada en el asesinato de Álvaro Obregón. Ella, consagrada a la vida religiosa, sostenía que la única manera de terminar con la Guerra Cristera, era asesinando a un político poderoso. Conoció al caricaturista León Toral, autor material del crimen, quien opinaba exactamente lo mismo. Se dice que ella le dio valor y más motivos para cometer el asesinato, aunque siempre lo negó. En 1928 fue condenada a pasar 20 años en la penitenciaría de las Islas Marías, de donde salió nueve años después.
69.- La Mulata de Córdoba. Nadie sabía su fecha de nacimiento ni quiénes habían sido sus padres ni su nombre completo, pero todos la llamaban "Mulata". Vivía en la ciudad de Córdoba, Veracruz, y siempre había permanecido joven y espectacularmente bella. Le decían bruja, hechicera, aseguraban que mantenía tratos carnales con el demonio y que el espíritu era el que la mantenía siempre joven y siempre hermosa. Sin embargo, era católica practicante, además de abogada de causas difíciles. El Santo Oficio la juzgó y la encerró en el Castillo de San Juan de Ulúa. De ahí escapó, ante los ojos de su vigilante, en un navío que dibujo con un carbón en una de las paredes de la celda.
70.- El enano del tapanco. A principios del siglo XX, en un antiguo caserón, vivía y ejercía su oficio carnal una bella prostituta. Cuando los clientes, después de haberla gozado, se negaban a pagar lo convenido, se escuchaba una potente voz que, desde el tapanco, amenazaba: "¡Paga, cabrón, o te las verás conmigo!". Tan profunda y dura era la voz, que todos accedían sin pensar. Un día, sin embargo, se descubrió que quien lanzaba tan temeraria amenaza era… ¡un enano! Entonces, el negocio se fue a pique.
71.- El aguacate chico. "Quien no conoce 'Los Ángeles', no conoce México", era el lema del popular salón de baile, también conocido como El Cielo. Pues a este afamado bailadero acudía con puntualidad este personaje. Nadie conocía su nombre, pero todos lo llamaban "El aguacate chico". Era un mecánico que durante 42 años acudió a bailar, siempre elegantemente vestido y muy perfumado. Fue triple campeón nacional de danzón, ni más ni menos.
72.- El hombre del corbatón. Ejerció la abogacía en la ciudad de México, aunque nunca estudió, mucho menos se tituló. José Menéndez Fernández se llamaba, era español, de pocos recursos, amigo de los ricos, y siempre usaba una enorme, de verdad enorme, corbata. Era hombre culto y generoso, popular en las calles y conocido por todos. Gustaba del teatro, al grado de que en el Principal tenía una butaca exclusiva. Tan de buen corazón era, que, sin estudios ni nada, se dio a la tarea de defender a los pobres. El presidente Miguel Alemán le dio la facultad de ejercer las leyes.
73.- El Pato Cenizo. Xavier Navarro Pizarro fue autor de teatro de género costumbrista. Se crió en la calle, que fue su mejor educadora. Nadie como él ha manejado ese sabroso lenguaje popular tan lleno de vida y tan picante. Sus obras, colmadas de vocablos secretos, anécdotas olvidadas, rimas, dichos y albures, se consideran una brillante fuente para entender al pueblo mexicano. Estrenó su primera zarzuela en 1912.
74.- Dionisio Pulido. El humilde campesino, originario de San Juan Parangaricútiro, Michoacán. En su terreno de siembra, un día descubrió un agujero que pensó era la madriguera de un topo, por lo que lo tapó con un zapato. En los días siguientes, la cavidad se hizo más grande, comenzó a sacar vapor y el suelo se calentó mientras temblaba. Así nació el volcán Paricutín en muy poco tiempo. Sobre Dionisio, José Revueltas escribió: "Es propietario de un volcán; no es dueño de nada más en el mundo".
75.- Maromero Páez. Jorge "Maromero" Páez nació en Baja California en medio de una humilde familia circense. Ahí, entre trapecios, rutinas y fantasía, nació su vocación por los puños. Fue campeón nacional. Sus peleas son recordadas por su extravagancia al vestir, sus bailes, sus pasos de break dance y el profundo arraigo del que gozó entre el público mexicano. Cuando alcanzó la fama y llegó la fortuna, le regaló a su abuela una moderna carpa de circo fabricada con aluminio, que se montaba y desmontaba prácticamente sola.
76.- La india bonita. Se dice que, en su casa de descanso de Cuernavaca, hoy conocida como Jardín Borda, el emperador Maximiliano se enamoró perdidamente de una bella y humilde nativa, quien se convirtió en su amante. Ella tenía acceso libre a la hacienda y sus brazos eran el refugio al que el emperador acudía continuamente, sobre todo cuando se agudizó el distanciamiento con la desafortunada Carlota. Una historia muy arraigada, pero completamente falsa, asegura que la "India" le dio cierto brebaje secreto a la emperatriz, que la volvió completamente loca.
77.- Francisco Javier Miranda. Fue sacerdote piadoso y paseaba por las calles siempre disfrazado de caballero inglés. También era conservador y enemigo del presidente Ignacio Comonfort, por lo que la policía lo buscaba. Un día, cuando se dirigía a buscar una carta que contenía las estrategias de batalla, fue descubierto. Dos agentes comenzaron a seguirlo. Él se jugó el destino: se dirigió a Palacio Nacional, se enfiló hacia el despacho presidencial y pidió ver a don Ignacio. Al ver esto, los policías creyeron que se habían equivocado de persona y se marcharon. El secretario le informó que el presidente estaba muy ocupado, pero que siempre tenía tiempo para atender a los caballeros ingleses, por lo que le rogaba que volviera al día siguiente. El padre Francisco agradeció y salió caminando con la gallardía de un auténtico caballero.
78.- El Padre de la Rosa. Agustín de la Rosa y Serrano era más que conservador: era anti yanqui, en tiempos en que el Tratado McLane-Ocampo amenazaba seriamente la soberanía mexicana. Bondadoso en extremo, socorría a los niños que encontraba en la calle y les daba educación, techo y comida. Cierto día de un invierno sumamente frío, paseaba el padre por la calle. Un ladrón le arrebató su capa, que era su única pertenencia. El sacerdote comenzó a correr tras él y no paró hasta que el ladronzuelo, exhausto, se detuvo y le devolvió la capa; no podía creer que aquel anciano lo hubiera alcanzado. Entonces, con voz llena de ternura, le dijo el padre: "No, hijo, no corría atrás de ti para quitarte la capa. Quería alcanzarte para decirte que te la regalo. Así no cometerás un pecado".
79.- Teófilo Martínez. Nació en Saltillo, Coahuila, y peleó al lado del general Zaragoza contra los franceses, en los rumbos de Puebla y Veracruz. Era ocurrente, dicharachero y con sueños de grandeza, así como diestro con el lazo. Cierta tarde, salió con tres amigos a dar un paseo por las orillas de Orizaba. En eso estaban, cuando descubrieron a varios franceses caminando. Sin pensarlo, sacaron sus "armas" y los lazaron. Al llevarlos ante Zaragoza, descubrieron que don Téofilo había capturado ni más ni menos que al soberbio general Desleaux, gobernador enemigo de la plaza de Orizaba.
80.- Maximiliano. El emperador poeta creía en un cierto destino trágico que lo amenazaba y sería su ruina: la letra M, que se repetía como inicial de ciertas palabras que presagiaban su muerte. Su propio nombre, Maximiliano; el país que gobernaba, México; el sitio de donde salió, Miramar; el general que lo hizo prisionero, Mariano Escobedo; el general que lo traicionó, Leonardo Márquez; su derrota sucedió en el mes de mayo; Miguel López, el encargado de la ciudad de Querétaro que también lo traicionó; el fiscal que lo acusó, Manuel Aspíroz; su abogado, Mariano Riva Palacio; el ministro que firmó su sentencia de muerte, Mejía; los dos hombres fusilados junto con él: Miguel Miramón y Tomás Mejía; el capitán que ordenó la ejecución, Montemayor; el día en que fue fusilado, martes.
81.- La mataviejitas. Juana Barraza Samperio, enfermera y alguna vez luchadora bajo el nombre de "La dama del silencio, asesinaba mujeres mayores. Se calcula que sus víctimas fueron entre 42 y 48. Fue condenada a 759 años y 17 días en prisión. Al preguntarle si utilizaba sus conocimientos como luchadora para asesinar, ella se defendió: No, de ninguna manera. "Yo no las lastimaba, nada más las mataba".
82.- El Chalequero. Francisco Guerrero (o Antonio Prida) mató a más de 20 prostitutas a finales del siglo XIX. Luego de tener relaciones sexuales con ellas, las apuñalaba, degollaba y tiraba sus cuerpos en las inmediaciones de Río Consulado. Su apodo se debió a su vestimenta: pantalones estrechos, fajas multicolores y chalecos con agujetas. Fue condenado a muerte, pero el presidente Porfirio Díaz cambió su sentencia por 20 años en San Juan de Ulúa. Quedó en libertad en 1904, pero fue arrestado nuevamente en 1908, acusado de matar a una anciana. Recibió la sentencia de muerte, pero murió de manera natural antes de la ejecución.
83.- Goyo Cárdenas. Gregorio Cárdenas Hernández "El estrangulador de Tacuba" nació en 1915. Su carrera criminal duró sólo 15 días, pero le bastaron para completar su obra y conseguir la inmortalidad. De enorme inteligencia, fue becado por Pemex. Asesinó a tres prostitutas, de entre 14 y 16 años, y las enterró en el patio de su casa. Su cuarta víctima fue una compañera de escuela. Tal vez atormentado, le pidió a su madre que lo internara en un hospital psiquiátrico. Ahí confesó todo y él mismo guió a la policía en las excavaciones. Su declaración, la realizó con sus propias manos, gracias a una máquina de escribir. Más que declaración, Goyo realizó una novela o una crónica de nota roja. Fue encerrado en La Castañeda, donde, sin explicación alguna, obtuvo notorios beneficios y comodidades: asistía a clases de psicología, sostenía relaciones sexuales con las enfermeras y salía al cine con sus amigas. Incluso, se fue de vacaciones durante 20 días a Oaxaca. Ya en la penitenciaría de Lecumberri, estudió derecho, fue litigante y escribió varios libros, además de tener una tienda en el interior de la cárcel. Ahí mismo, se casó y tuvo dos hijos. En 1976, quedó en libertad por orden presidencial. Fue invitado a la Cámara de Diputados, donde lo recibieron como héroe en medio de aplausos, como un ejemplo de rehabilitación. Luego, comenzó a vender sus pinturas: todas a muy altos precios, editó una revista y realizaba caricaturas. Para entonces, eran muchas las mujeres que suspiraban por él, enamoradas. Registró su vida para que nadie más que él pudiera sacar provecho de sus experiencias. Murió en 1999.
84.- Ignacio de la Torre. Fue esposo de Amada Díaz, a su vez, hija de don Porfirio. La noche del 20 de noviembre de 1901, la policía recibió una denuncia: en la calle de La Paz se realizaba una fiesta escandalosa que no dejaba dormir a los vecinos. Al llegar, se encontraron con que, en tal jolgorio, se encontraban 42 hombres, la mitad de ellos vestidos de mujer, bailando todos de a cachetito. Uno de ellos, era precisamente Ignacio, yerno del presidente. La policía lo dejó ir, por lo que la versión oficial fue que habían detenido a "41 lagartijos". A 22 los raparon y los encerraron en la cárcel de Belén. En tanto, 19 (los que presumían las naguas) fueron enviados por barco a Yucatán, a realizar trabajos forzados para el Ejército. De entonces viene la costumbre de llamar "41" a los "jotos" o "amanerados". Pero hay más. Según una versión, Ignacio estaba enamorado de su caballerango, a quien protegió contra la leva y desde entonces se volvieron más que simples conocidos. Don Ignacio luchó contra Madero y contra Huerta. Al triunfar los constitucionalistas, fue aprehendido, pero su antiguo criado, ya gozando de poder, lo rescató y lo convirtió en su fiel soldadera. El caballerango llevaba por nombre… Emiliano Zapata.
85.- Sor Andrea de la Asunción. A finales del siglo XVII, el obispo de Puebla Manuel Fernández de Santa Cruz y Sahagún recibiría la visita de su buen amigo el virrey Antonio de la Cerda y Aragón. Para tal ocasión, instruyó a las monjas del Convento de Santa Rosa de Lima para que realizaran un banquete que estuviera a la altura del ilustre invitado, pues además le pediría dinero para la reparación de la catedral. Sor Andrea era la encargada de la cocina, y quien mezclaba 17 ingredientes con que elaboraría una nueva salsa para bañar el guajolote. El resultado fue sabroso, pero no delicioso, como ella esperaba. Mientras mezclaba con el cucharón, sostenía en una mano un pedazo de chocolate con que hacía el postre. En eso estaba cuando la superiora, sor María del Carmen, entró a la cocina y al oler aquella salsa, no pudo evitar romper su voto de silencio y exclamó: "¡Qué olor más exquisito!". La sorpresa provocó que a sor Andrea se le cayera el chocolate, y por más esfuerzos que hizo por buscarlo y sacarlo, fue muy tarde: se había deshecho. La madre superiora insistió en probar aquel manjar de tan suculento aroma, y ante el azoro de todas, le pareció exquisito. Se trató de un feliz accidente que dio paso a la creación del mole poblano.
86.- Tlacaélel. Fue el verdadero poder del imperio mexica por más de cincuenta años; el poder detrás del trono. Astuto, de sangre real, guerrero, pensador, economista y reformador religioso. Por él fueron quemados los antiguos códices y reemplazados por los nuevos, donde él, y sólo él, acuñó la ideología dominante del "pueblo del sol". No le hizo falta ser emperador (pudo serlo, por linaje). En su lugar, prefirió gobernar desde las sombras. Utilizó el conocimiento para dominar, para inculcar lo que quería que todos creyeran, entre otras cosas, el principio de las guerras floridas. Murió aproximadamente en 1480.
87.- Macuilxochitzin. Fue hija de Tlacaélel. Nació en Tenochtitlan alrededor de 1435, en un día "5-flor", dedicado a la deidad de las artes, y justamente "5 Flor" es lo que su nombre significa. Esto marcó su rumbo, pues fue de las pocas mujeres que se dedicó a la poesía. Sólo se conoce un poema de su autoría, pero en él exalta las creencias de su poderoso padre: la dignidad por sobre todas las cosas que posee el guerrero, y el honor de morir en sacrificio tras ser capturado en una guerra florida. "Se han mostrado atrevidos / los príncipes / los de Acohuacan, / vosotros los tepanecas. / Por todas partes Axayácatl / hizo conquistas, / en Matlazinco, en Malinalco, / en Ocuilán, en Tequeloya, / en Xohcotitlán".
88.- Isabel Moctezuma. Tenía 21 años cuando se casó por quinta vez, tras haber enviudado otras cuatro. Su nombre original fue Tecuixpo Ixaxochitzin y su dignidad, ser la última princesa legítima del imperio azteca, hija de Moctezuma Xocoyotzin. A los 12 años, escapó gracias al episodio de la "Noche Triste". Se fijó su matrimonio con el sucesor de su padre, Cuitláhuac, quien murió a los pocos días, víctima de viruela. Entonces, la niña le fue entregada en matrimonio al nuevo emperador, Cuauhtémoc. Tras la caída del imperio, cayó en poder de Hernán Cortés, con quien engendró una hija: Leonor Cortés de Moctezuma. A los 16 años se casó por tercera vez, con Alonso de Grado, pero enviudó rápidamente. Su siguiente esposo llevaba por nombre Pedro Gallego Andrade, que fue padre de su primogénito y de quien volvió a enviudar. Tenía 21 años cuando contrajo nupcias definitivas con Juan Cano de Saavedra y fue relativamente feliz. Con él tuvo cinco hijos. Murió a los 41 años, luego de una vida marcada por la tristeza y las grandes tragedias, ella que, en palabras de Bernal Díaz del Castillo, era "bien hermosa mujer para ser india".
89.- Pita Amor. Salvador Novo la llamó "La Décima Musa". Algunos le decían genio, poeta virtuosa, niña mimada, o bien, loca, absolutamente loca. Lo cierto es que Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein nunca pasó inadvertida. Ni cuando caminaba desnuda por Paseo de la Reforma, sólo cubierta con un abrigo de pieles; ni cuando, ya en sus últimos años, se adornaba la cabeza con una espantosa, vieja y enorme flor; ni cuando, en sus años de total hermosura, se limpiaba los dientes en plena mesa de los más lujosos restaurantes; ni cuando Diego Rivera, Roberto Montenegro y Raúl Anguiano la pintaron desnuda; ni cuando, siendo muy joven, se convirtió en amante de un millonario de 60 años y después de Pablo Neruda; ni cuando se rodeaba de soledad en misma cantidad que de los artistas más afamados de la época; ni cuando le regaló a su hermana a su único hijo; ni cuando casi enloqueció cuando el pequeño murió ahogado en una pileta; ni cuando se resistió a trabajar durante toda su vida; ni cuando, en sus últimos años, su casa se volvió un refugio de tristeza y suciedad; ni cuando vendía sus poemas a quien se topara por la calle. Pita Amor simplemente fue ella misma y siguió siéndolo hasta su muerte.
90.- Félix Díaz Mori. Fue hermano de don Porfirio y gobernador de Oaxaca, donde realizó una serie de obras en beneficio de los más pobres. Su gran error, sin embargo, no fue político, sino personal, y por duplicado: su explosivo carácter que derivaba muchas veces en lo violento, y su declarado anti clericalismo. Llegó al grado de ordenar la destrucción de catorce retablos del templo de Santo Domingo. En cierta ocasión, mientras reprimía personalmente un levantamiento de protesta por parte de los habitantes de Juchitán, ordenó incendiar el pueblo y asesinar a quienes huían. Después, entró a caballo a la iglesia, lazó al santo patrono, San Vicente Ferrer, lo arrastró por el lugar y se lo llevó consigo. Benito Juárez le ordenó regresarlo y él cumplió: lo envió en una pequeña caja, con la cabeza, pies y manos amputados, alegando que no cabía. Los juchitecos no olvidaron la ofensa. Así, en 1872 lo tomaron preso durante una batalla y por dos días lo torturaron hasta matarlo con la misma técnica que él había utilizado contra el santo: le cortaron la cabeza, los pies y las manos.
91.- La Condesa de Malibrán. Llegó al Puerto de Veracruz en medio de un lujo singular. Pero cuándo o de dónde había venido, eran respuestas que nadie sabía. Sin duda, era esposa de un conde de la Corona Española que continuamente se ausentaba debido a viajes de negocios. Sólo eso se tenía por cierto. Por aquellos años, cerca de su enorme y ostentoso hogar, por los rumbos de la actual calle Lafragua, se levantaban el rancho y el panteón de Malibrán, y de ahí surgió el peculiar nombre con que era conocida. Aunque sus riquezas le garantizaban una vida holgada, su soledad pesaba más. Decidió, por tanto, esperar la llegada de los barcos, buscar entre los tripulantes a un hombre que le llenara la mirada e invitarlo a alguna de sus continuas fiestas. Mientras hacía esto, visitaba a una bruja, con la esperanza de encontrar un remedio contra su aparente y trágica esterilidad. Al finalizar las fiestas, la condesa se quedaba a solas con su invitado en turno, el cual no volvía a ser visto. Todas las noches salía de su casa; su carruaje recorría los túneles secretos que atravesaban la ciudad e incluso pasaban por debajo del Río Jamapa. Todas las noches un amante diferente, y todas las noches una nueva muerte. Un buen día, la bruja logró deshacer el hechizo que la aquejaba: la condesa tuvo un hijo, pero deforme. Ella trató de ocultarlo y continuar con su vida escandalosa. Pero era demasiado tarde: su marido la descubrió en brazos de otro y los asesinó, así como al pequeño y malformado bebé. Ordenó que los arrojaran a un pozo lleno de lagartos que se encontraba al final de la propiedad. Ese lugar resultó ser donde la condesa se deshacía de todos y cada uno de sus amantes.
92.- Horta Villa. Tal era el nombre de un acaudalado y prepotente hombre de negocios de la ciudad de Puebla, dueño de la Casa Comercial Villa, ubicada en la calle de Merino, que no era otra cosa que una casa de empeño que sacaba provecho de la gente necesitada. Villa, que por más señas tenía el cuerpo completamente cubierto de vello, solía mostrar de forma ostentosa su riqueza obtenida por medio de la usura: se cubría los dedos con enormes anillos de oro y piedras preciosas. Al morir, fue sepultado en el panteón de San Francisco, en cierta tumba de la cual, según las historias, todas las noches salía una mano cubierta de anillos de oro y piedras preciosas y no paraba hasta encontrar a quienes le debían dinero. Entonces, les sacaba los ojos y después los asfixiaba. Era simplemente una mano, pero cubierta de una gruesa capa de vellos. Esta historia dio origen a la leyenda de la mano peluda.
93.- La Taxqueña. En la ciudad de México, Taxqueña es el nombre de una colonia, de un paradero de Metro y como popularmente se le conoce a la Central de Autobuses del Sur. Pero el origen de la palabra es completamente ajeno a todo esto. En la entonces parada del Ferrocarril del Valle, justo sobre la Calzada de Tlalpan, se ubicaba un rancho semi abandonado. La tierra era infértil, por lo que los últimos dueños se habían arruinado. Ese lugar era llamado "Quitacalzones", y era donde vendía antojitos una mujer nacida en Taxco. Aquellos eran sus rumbos, los rumbos de "La Taxqueña".
94.- Los 7 sabios. En 1916 se fundó la Sociedad de Conferencias y Conciertos, cuya finalidad era propagar la cultura entre los estudiantes universitarios de la ciudad de México. Los siete jóvenes que la idearon recibieron el peculiar mote como una burla, al hacer referencia a los auténticos siete sabios griegos, pues sus ideales eran elevados, al igual que sus ínfulas intelectuales. La versión mexicana estaba integrada por Alberto Vázquez del Mercado, Antonio Castro Leal, Vicente Lombardo Toledano, Alfonso Caso, Téofilo Olea y Leyva, Jesús Moreno Baca y Manuel Gómez Morín.
95- Leopoldo Beristáin. Lo apodaban "El Cuatezón". Nació en 1875 y murió en 1948. Fue el cómico más popular de la capital del país (y posiblemente también de los estados) entre 1911 y 1913. Sus inicios fueron en el Teatro Nacional, pero pronto pasó a formar parte del inventario del célebre María Guerrero. Fue el creador del personaje de "fuereño": el ranchero ingenuo, valentón y de buen corazón, que después sería ampliamente explotado por el cine de comedia ranchera. Su talento lo llevó a las alturas en muchos sentidos, pues fue amigo íntimo del presidente Victoriano Huerta, que lo arrastró tanto en las buenas como en las malas, por lo que murió exiliado en La Habana.
96.- Emilia Trujillo. Más conocida como "La Trujis", decían entonces los chismes más informados que era la "Pompadour de Tepache y la Dubarry de Petate". Fue bailarina del teatro María Guerrero; ese recinto de mala fama donde se mezclaba absolutamente todo tipo de público, desde la alta aristocracia y secretarios de Estado hasta intelectuales, soldados, burócratas y lo más soez del peladaje. El caso es que todas las noches sin falta, afuera del teatro se estacionaba un lujoso automóvil negro. Adentro iban el chofer uniformado y un fornido ayudante. Con paciencia esperaban a que saliera "La Trujis", ya muy emperifollada y perfumada, y la conducían al Café Colón, donde, en sitio reservado, la esperaba con ansiedad el general presidente Victoriano Huerta.
97.- Brhadaranyakopanishadvivekachudamani Erreh Muñoz. Sin ser broma, este chorizo de letras es el nombre de un médico veterinario, originario de Coahuila, donde aún reside, que posee el récord del nombre más largo del mundo. Su padre lo registró de esta manera pues son dos nombres de filósofos hindúes. A su vez, "Brhada" le puso el mismo nombre a su hijo, sólo que le fusionó los apellidos, por lo que inventó el "Errehmuñoz". Vale decir que "Erreh" también fue un invento, pues el padre de "Brhada" se llamaba Refugio, por lo que se presentaba simplemente como "R", que derivó en Erreh.
98.- María de la Asunción Luisa Conzaga Guadalupe Refugio Luz Loreto Salud Altagracia Carmen Matilde Josefa Ignacia Francisca Solano Vicenta Ferrer Antonia Ramona Agustina Carlota Inocencia Federica Gabriela de Dolores de los Sagrados Corazones de Jesús y de María Saldívar y Saldívar. Vayan ustedes a saber quién era doña María, lo cierto es que de esta forma fue inscrita en el Registro Civil del Distrito Federal el 22 de abril de 1914.
99.- Los azucarilleros. Se extinguieron a finales del siglo XIX, y es una lástima, porque su arte debió ser una delicia, al igual que sus productos. Iban vestidos de charro, con pantalón de gamuza y sombrero de fieltro. Además, portaban una guitarra, la cual colgaba de una cuerda tricolor. En la mano derecha, cargaban una tina de metal donde llevaban "conos rosados o blancos (de limón o de fresa)". Su popularidad se debía a que, a quienes les compraban dos de sus azucarillos por cuartilla (tres centavos), les cantaban una copla, una redondilla o una cuarteta, intercalando los versos con detalles personales del comprador.
100.- El Pastelero y El Turronero. También a finales del siglo XIX, estos dos personajes, de oficios muy dignos y coloridos, recorrían el Callejón de Mecateros ofreciendo sus sabrosas mercancías con soberanos gritos que intercalaban con canciones picarescas, llenas de humor e ingenio. La gente los buscaba no sólo para degustar sus deliciosos postres, sino para enterarse de los chismes y chistes más recientes. Una variedad del pastelero sobrevivió hasta principios del siglo XX, por lo que en Niño Perdido era posible escuchar, entre celestiales olores de pan, frutas y merengues, algo como: "Señorita, señorita / la de la mascada negra, / dígale a su mamacita / que si quiere ser mi suegra".

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Por Carlos Eduardo Díaz
Algunos son historia de sobra conocida. Otros, anécdotas locales y curiosas que se comunican de boca en boca. Hay unos terceros que son absolutamente desconocidos, pero que su relevancia y simpatía merecen reconocimiento. Finalmente, existen algunos más que rayan las puertas de la leyenda urbana.
Sea como sea, México está lleno de personajes pintorescos cuyas vidas, ocurrencias y características van de lo cómico a lo maravilloso, de lo perverso a lo trágico.
Festejemos a nuestro país por medio de ellos, que constituyen una parte fundamental de nuestro legado histórico, picaresco y a veces funesto.
Por supuesto, y como siempre, esta lista es incompleta, breve (brevísima) y arbitraria, además de que cada uno de estos personajes merece una biografía entera, amplia y sabrosa.
1.- El Negrito Poeta. Se llamaba José Vasconcelos y era hijo de negros nacidos en el Congo, traídos a la Nueva España como esclavos. Por tanto, él, que también era tuerto, vio la primera luz en Almolonga, una hacienda cercana a Xalapa, Veracruz. Lo que lo hacía diferente es que nació con el don del verso en la boca, pues con rapidez y maestría componía rimas que le dieron fama. Su legado es amplísimo y rico. En una ocasión, a las puertas de una iglesia, escuchó que un demandadero del hospital, suplicaba cooperación económica con voz lastimera: “Para el entierro de los huesos del hospital”. El Negrito, con prontitud, replicó: “Dos disparates a un tiempo / estás diciendo, animal, / ni el hospital tiene huesos, / ni entierran al hospital”. Este popular poeta, era mexicano como el que más. “Aunque soy de raza conga / yo no he nacido africano; / soy de nación mexicano / y nacido en Almolonga”. Cortejaba a cierta mujer bien parecida, pero ella lo rechazaba por tres motivos: por pobre, negro y tuerto, así que ella le dijo: “¿Qué, no adviertes que eres negro?”, y él respondió: “No, mi vida, no lo advierto, / pues aunque soy algo tuerto, / no tengo cara de suegro”.
2.- El Virrey Marquina. Don Félix Berenguer de Marquina fue nombrado virrey de la Nueva España el 8 de noviembre de 1799. Era hombre muy bueno, pero lo que le sobraba de bondad, le faltaba de inteligencia. Su fama comenzó cuando negó el permiso para realizar una corrida de toros, que de todas formas se hizo. Indignado, emitió un decreto en el que declaraba nula y sin ningún efecto tal corrida. Al pasar por las calles, la gente le gritaba: “¡A pie y a caballo, nadie te gana!”. Él se ufanaba, pensando en su gran porte y en su destreza para montar. Lo que no sabía es que el dicho era una burla hacia sus enormes pies y a su inteligencia de animal. Su única obra pública fue ordenar la construcción de una fuente… en un lugar donde nunca hubo agua. Por tanto, su magna obra se convirtió en baño público, por lo que todos decían: “Para perpetua memoria / nos dejó el virrey Marquina / una pila en que se orina, / y aquí se acabó la historia”.
3.- El Alcalde de Lagos. Por alguna extraña y maliciosa razón, los habitantes de Lagos de Moreno, Jalisco, sufrieron por mucho tiempo fama de tontos. Se dice que todo fue obra de la envidia, pues a sus vecinos de San Juan de los Lagos no les faltaban motivos para albergar el sentimiento. Pero entre todos los personajes de aquel lugar, ninguno como Don Diego Romero, quien presidió el Ayuntamiento de Santa María de los Lagos en los años posteriores a 1810. Entre sus muchísimas ocurrencias, está la que sucedió un día, después de una fuerte lluvia. Iba caminando el Alcalde cuando se topó con un enorme hoyo a medio camino entre la Plaza de Armas en construcción y el atrio del templo. Ordenó que fuera tapado de inmediato. La dificultad es que se debía traer tierra de otro lugar, pero eso significaba mucha inversión en tiempo, esfuerzo y hombres. Entonces le vino la idea: mandó hacer otro hoyo para que con esa tierra se cubriera el primero. Y un tercer hoyo para tapar el segundo… y así sucesivamente hasta llegar al sitio donde encontrarían la tierra suficiente para rellenar al fin tan molesto agujero.
4.- La Paca. Francisca Zetina Chávez, supuesta vidente acusada de “sembrar” y después “encontrar” (gracias a sus poderes psíquicos) una osamenta en la finca “El Encanto”. Recibió la orden del fiscal Pablo Chapa Bezanilla, con el fin de incriminar a Raúl Salinas de Gortari por el homicidio del diputado Manuel Muñoz Rocha, a quien supuestamente pertenecía el esqueleto hallado. En realidad, los huesos eran del suegro de "Paquita la del cráneo", como se le llamó entonces.
5.- Margarito. Margarito Esparza Nevares nació en San Ignacio, Sinaloa, en 1936. Su fama se la debe a su baja estatura. Inició su carrera artística al lado de Ramiro Gamboa, el “Tío Gamboín” y de Javier López “Chabelo”. Luego participó en diversas películas, algunas con “Tin Tan”, programas de televisión y espectáculos. Era común encontrarlo en los vagones del Metro cantando con su diminuta guitarra. Ahora, reside en Monterrey, donde participa en diversos programas de televisión del canal Multimedios.
6.- El Charrito Pemex. En los años cercanos a 1940, Pemex vendía petróleo diáfano directamente a la gente, que lo utilizaba para estufas, “calentones” y las famosas lámparas de petróleo. Para promocionar este producto, se creó la caricatura de “El charrito Pemex”, un simpático charro, vestido de verde, de reducido tamaño, además de patizambo. También, se contrató un actor de las mismas características, que viajaba por todo el país para difundir las bondades del mentado petróleo. Este personaje se encontraba en calles y avenidas, pero se le recuerda particularmente por las zonas aledañas a la Avenida Juárez, en la ciudad de México, donde saludaba y sonreía a los paseantes.
7.- Hermenegildo L. Torres. Nació en 1901 en Saltillo, Coahuila, aunque algunos afirman que en Monterrey, Nuevo León. Fue el creador de la PUP: Por la Unificación de los Pendejos, asociación que otorgaba credenciales a sus agremiados, de los cuales creó más de 200 clasificaciones, como el Pen_dejo Esférico, el Precavido, el De Puntería, el de Punto de Referencia, el Tributario… Ah, infinidad de variaciones. El caso es que, en resumidas cuentas, todos en este mundo somos pendejos, porque, diría don Hermenegildo, “Si encerraran a todos los pendejos en un corral, no quedaría nadie para cerrar la puerta”.
8.- Ricardo Aldape Guerra. Mexicano que pasó más de 15 años en una prisión estadounidense, acusado de homicidio y condenado a muerte. Tres veces libró la inyección letal, hasta que lo declararon inocente y quedó en libertad. Al regresar a su país y ser recibido como héroe, el futuro parecía estar en sus manos... pero muy pronto se mató por conducir a exceso de velocidad.
9.- Rubén “Púas” Olivares. Boxeador, campeón del mundo en las categorías de peso gallo y pluma. Amado por sus seguidores, pícaro al hablar, rodeado de vividores y alcohol, mucho alcohol y fiestas. Fue el creador de la receta del “Pollo a la púas”: Tomas un pollo crudo, entero. Lo pones en una bandeja. Le agregas al gusto tequila, ron, brandy, cerveza, whisky y aguardiente. Tiras el pollo… y te tomas el juguito.
10.- Raúl “Ratón” Macías. Tepiteño de nacimiento, carismático, de técnica refinada, el campeonísimo “Ratón” fue monarca supremo de la división de peso gallo. Fue el creador de la célebre sentencia: “Todo se lo debo a mi mánager y a la Virgencita de Guadalupe”.
11.- La Güera Rodríguez. Bellísima y rubia mujer, de moral un poquito liviana, que por nombre llevaba el de Doña María Ignacia Rodríguez de Velasco Osorio y Barba. Fue esposa de uno y amante de… ¡muchos! Entre ellos, varios nobles, héroes de la Patria y de los mismísimos Simón Bolívar, Alejandro Von Humboldt y Agustín de Iturbide. Era pícara y risueña, y no sólo sabía chistes y anécdotas picosas que la hacían una gran conversadora, sino que conocía de arriba para bajo los secretos de los conspiradores en contra de la Corona Española.
12.- La otra Güera Rodríguez. Leonardo Rodríguez Alcaine fue líder de los electricistas por cerca de 500 años (lo que duran los líderes sindicales en México), y después pontífice total de la CTM. Su apellido, sus tintes para el pelo y su vocabulario florido, le confirieron tan singular apodo. Cómo no recordar su sabiduría: “Lo importante no es mear mucho, sino hacer espuma”, “Me dieron una hermana de usted, compañero”. “No le contesto porque le miento la madre”.
13.- José “Toluco” López. De origen humilde, héroe popular, noqueador poderoso por naturaleza, reinó en el peso gallo y en las parrandas, acompañado primero por Pedro Infante y después por Javier Solís. No le importó tirar su dinero en vino y mujeres, pero conservó hasta la muerte un reloj y una esclava de oro grabada con su nombre, obsequios del presidente Adolfo López Mateos, a quien, por cierto, también apodaban “El Toluco”.
14.- Carlos Rivas Larrauri. Nació en la ciudad de México en 1900. Su madre le inculcó el amor por la poesía, su padre, charro de corazón, el cariño por la tierra, mientras que el amor por el vino… ¡él solito lo adoptó! Pasó casi toda su vida abrazado a sus tres grandes amores: el alcohol, la lectura y la escritura de poesía con lenguaje popular. Dejó una obra magnífica, pero poco difundida, entre la que destaca, sin embargo, Por qué me quité del vicio. “No es por hacerles desaigre / es que ya me quité del vicio / astedes me lo perdonen, / pero es qui más de cinco / años que no tomo copas, / onqui ande con los amigos…”.
15.- Chaf y Queli. Pareja de comediantes, albureros, albureros, reconocidos entre el mismo gremio como dos reatas bien enceradas, a los que no se les va una y todas las mandan de regreso corregidas y aumentadas. Han participado en carpas, espectáculos populares, realizado grabaciones de audio, y un poco en televisión, además de ser jueces y triunfadores máximos en competencias de albures en barriadas. Esto pasó en Garibaldi: Perdone, ¿es usted el Mariachi Vergara de Rascatitlán? “No, joven, está usted confundillo”. Me dieron entonces mal los informes. “No importa, ¿cuál le toco?”. Tóqueme La Negra y báilemela. “La Nalgarita es mejor para bailar; es danzón”. ¿La Nalgarita? Mmmm… A ver, déme su tono. “Ahí le va mi Re-La-Mi-Do”. Vocalícemela otra vez. “Le vocalizo mejor Amor Chiquito”. ¿Amor Chiquito? A ver, le hago segunda. “Hágamela mejor con el tango Mano a Mano”. Muy bien, pero lo sigo con la corneta. “¿Qué, no se desentona?”. ¡Qué va! Si quiere hasta le hago un arreglo a La Panchita. “Hágaselo mejor a La Boa, o al Cable”. Ah, no, yo saco mejor los Aires del Mayab…
16.- Armando Jiménez. Al “gallito inglés” le dieron su primera nalgada en Piedras Negras, Coahuila, en 1917, pero ha pasado casi toda su vida en la ciudad de México. En 1960 abandonó su carrera como ingeniero arquitecto para dedicarse de lleno a la escritura. Gracias a ello, hoy gozamos de Picardía mexicana, Nueva picardía mexicana, Dichos y refranes de la picardía mexicana, Sitios de rompe y rasga en la ciudad de México… entre muchos otros, que suman casi nueve millones de ejemplares vendidos y más o menos 500 ediciones. A ver, que alguien venda más libros que él, a ver...
17.- El Filósofo de Güémez. Se hizo famoso gracias a que el doctor Ramón Durón Ruiz recopilara en un libro su sabiduría singular. Nadie sabe si existió en realidad, pero se cree que nació en Güémez, municipio de Tamaulipas, y entre su amplio legado se encuentran las siguientes sentencias: “El que tenga perro que lo amarre afuera; el que no, pos que ni lo amarre”. “Las bolsas de las mujeres, son como los conventos, tienen puras madres adentro”. “En política, si las cosas no cambian, es porque siguen igual”. “Cuando el gallo canta en la madrugada, puede que llueva mucho, puede que llueva poco o puede que no llueva nada”. “Si dos perros siguen a una liebre y el de adelante no la alcanza, el de atrás menos”. “Si no llegó... es porque no vino”. “El matrimonio es como darse un baño de agua helada en tiempo de frío: metete de un chingazo, porque si lo piensas mucho, no le entras”.
18.- La Malinche. Doña Marina, Malina, Malintzin, Malinche. La concubina bilingüe (sabía náhuatl y maya) que tomó Hernán Cortés. Su belleza era única, su lealtad al conquistador, a toda prueba. Ella sabía los secretos nativos, las conspiraciones, las emboscadas. Gracias a ella, los españoles salieron bien librados y lograron conquistar los poderosos reinos indios. Gracias a ella, existe el término “malinchismo”. Algunos mal pensados afirman que su espíritu arrepentido es el que vaga por las noches gritando "¡Ay, mis hijos!".
19.- El Pípila. Juan José de los Reyes Martínez Amaro fue minero. Acompañó al ejército de Miguel Hidalgo a Guanajuato. Tomaron la ciudad, pero un último bastión defendían los españoles: La Alhóndiga. Mientras ésta no cayera, el triunfo insurgente sería imposible. Hidalgo supo que la única manera de tomar este depósito era incendiar la puerta. Por eso, exclamó con valerosa voz: “¡Pípila! La Patria necesita tu valor, ¿te atreves a quemar la puerta de la alhóndiga?”. Juan José no lo pensó. Se ató una losa a la espalda y, entre la lluvia de balas, cumplió su cometido gracias a una antorcha. Hermosa y patriótica historia. Lástima que es falsa. Hidalgo estaba demasiado lejos, a salvo de las balas, y “El Pípila” jamás existió.
20.- El Tigre de Santa Julia. José de Jesús Negrete Medina fue un famoso ladrón que puso en jaque a las autoridades de la ciudad de México y alrededores (especialmente el barrio de Santa Julia, cerca del actual Tacuba) en las épocas porfiristas. Diestro en el arte de las armas, elegante, astuto, era querido por la gente, que lo veía como una especie de Robin Hood. También era mujeriego. De hecho, lo capturaron por los celos de una fémina, quien, despechada, lo delató. Lo tomaron preso por el rumbo de Tacubaya, camino al Panteón de Dolores. La policía lo encontró atrás de un nopal, en cuchillas y con las armas a un lado. El mole y el curado de apio, que una tal Guadalupe le había ofrecido, le causaron una severa diarrea. Fue condenado a cinco penas de muerte. Él simplemente dijo: “Y luego, cinco penas de muerte… ¡ni que fuera gato! ¿Pues con qué pago?”.
21.- Chucho El Roto. Pablo Jesús Méndez fue el nombre que adoptó, aunque cuando nació le pusieron el de Jesús Arriaga. Originario de Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, fue carpintero. Se enamoró de una joven adinerada que sucumbió ante sus encantos. El tío de la muchacha, colérico, lo mandó encerrar, primero en la penitenciaría del Distrito Federal y después en la isla de San Juan de Ulúa, Veracruz, de donde escapó. Entonces, pulcramente vestido, a la usanza de los “rotos” (elegantes) robó y estafó a los ricos para ayudar a los pobres. Recapturado y enviado otra vez a San Juan de Ulúa, un preso lo delató cuando pretendía escapar. El director de la cárcel lo mandó azotar 300 veces, por lo que murió, a los 36 años. Pero cuando su cuerpo llegó en tren a la ciudad de México, escoltado por algunos guardias, el féretro fue abierto y adentro se encontraron… nada más y nada menos que unas enormes piedras.
22.- José Luis Rodríguez “Palillo”. Este estudiante de psicología de la UNAM nació en 1934, en Jalisco. Ya en la ciudad de México, y mientras se encontraba en la Preparatoria número 1, recibió el apodo, debido a su extrema delgadez. No sólo fue el líder de la porra Puma, sino el encargado de negociar con los cines la rebaja en el precio de los boletos (¿rebaja? ¡Si se metían a fuerza y sin pagar!). El Cine Goya otorgaba “facilidades” a los estudiantes, por lo que era un destino recurrente para ellos. Por tanto, cuando se planeaba una pinta masiva, se corría la voz por todos lados gritando: ¡Goya, Goya! Si al grupo de hombres se sumaban mujeres, el grito se completaba con: ¡Cachún, Cachún!, que denotaba que ese día habría algo más que película, pues era derivación de cachondeo. Finalmente, el ¡Ra, ra! se añadió por simple espíritu deportivo.
23.- Armando Martínez. Era sumamente popular, pues era el propietario de Las tortas del Espíritu Santo, ubicado en el callejón del mismo nombre, número 38. Después conocidas simplemente como Las Tortas de Armando. A finales del siglo19 y principios del 20, ningún estudiante (principalmente de leyes) podía perderse estos manjares, pues además de ser económicos, Armando ofrecía calidad, sabor, abundancia y, muy importante, crédito. Además, las preparaba con maestría. Con gran destreza tomaba las teleras, las partía, les embarraba crema, frijoles, les agregaba jamón, pierna, lomo, rajas en vinagre…
24.- El Triunvirato de Joe “El Dandy” Conde, el “Chango” Casanova y Juan Zurita. Pocos sucesos tan curiosos como el que acontecía con estos tres boxeadores: en todos los combates, Conde vencía siempre al “Chango”; el Chango le ganaba a Zurita; y Zurita abatía a Joe Conde. No había otra combinación.
25.- El Negro Yanga. Príncipe africano traído como esclavo a la Nueva España. Su sangre real, altiva, lo llevó a dirigir la rebelión contra los españoles. Gracias a su liderazgo y valentía, su movimiento triunfó, tras de lo cual fundaron el primer pueblo libre del país, donde podían vivir con dignidad los esclavos liberados: Yanga, Veracruz.
26.- Fray Tormenta. Sergio Gutiérrez Benítez, sacerdote católico que, para mantener un orfanato, durante 23 años se dedicó a la lucha libre. Su máscara roja y amarilla se hizo popular tanto en las arenas como en los altares. Fue el primer maestro de otro popular luchador: "El Místico", que llegó con él siendo un niño pobre.
27.- Luis Echeverría Álvarez. Presidente de México entre 1970 y 1976, que por alguna razón desarrolló una ferviente fama de pen…dejo la palabra a la imaginación, y que por lo mismo fue protagonista de innumerables chistes maliciosos. Llega Luis Echeverría a un velorio, ve al muerto y exclama: "no somos nada". Los periodistas se le abalanzan diciendo: “señor presidente, qué pensamiento tan profundo y filosófico, amplíe por favor”, y Echeverría responde: “pues sí, no somos nada, ni amigos ni parientes, nada...”. Sube Echeverría a un avión y lleva el rostro completamente lleno de moretones y sangre. Su secretario le pregunta, angustiado: “Señor presidente, ¿qué le sucedió?”, a lo que él responde: “Es que afuera del avión dice DC-9… y yo obedecí”. (Por cierto que el PAN tenía una oficina encargada de inventar y difundir los nuevos chistes).
28.- José “Huitlacoche” Medel. Campeón de boxeo que sufrió para llegar a la cima. Fue repudiado por haber vencido al ídolo popular “El Toluco” López. Fue uno de los raros casos de boxeadores humildes que alcanzan la fama y no se pierden en la frivolidad o los vicios. Esto no lo logró solo, sino gracias a su “madrecita”.
29.- Lorenzo Garza. “El ave de las tempestades” le apodaban a este torero, cuyas faenas viajaban entre dos extremos: o eran pésimas, al grado de que la gente abucheaba y rechiflaba en señal de repudio mientras el ruedo se llenaba de cojines y vasos de cerveza, o bien, eran enormes muestras de destreza, arrojo y valentía que derivaban en aplausos y gritos sin final. Prácticamente nunca hubo un punto medio. Lorenzo era terrible… o terriblemente bueno.
30.- Juan Silveti. Torero nacido en Guanajuato a quien, hasta la fecha, se le considera como el más valeroso de la historia. Su apodo lo decía todo: "Juan sin miedo". Sufrió varias cogidas de gravedad y de todas ellas se levantó victorioso. Ésta fue su mejor faena: vencer a la muerte tantas veces como se le presentó en forma de cornada. Todos sus hijos se llamaban Juan, combinado con otro nombre. Cuando le preguntaron la razón, él contestó, orgulloso: Por si alguno se me raja, ¡todavía tengo más!
31.- Ponciano Díaz. A finales del siglo 19, se presentó en España un mexicano extravagante. Quería ser torero, pero en aquellos tiempos, sólo los españoles podían serlo. ¿Un mexicano? Imposible. Mucho menos con esa pinta: chaparro, enormes bigotes negros y vestido de charro. Es cierto: cumplía con todas las faenas, con su peculiar estilo charro, pero eso no era suficiente. ¿O sí? Tiempo, dolor y sangre le costó a Ponciano, pero al fin lo logró: se consagró allá y aquí, al grado que la gente cantaba: “Ya no quiero a Mazzantini / ni tampoco a Cuatro Dedos / al que quiero es a Ponciano / que es el rey de los toreros”.
32.- Manuel Raga. El mejor basquetbolista mexicano de todos los tiempos. Se le conoció por todos lados como “El mexicano volador”. Cuando jugó en Europa, le decían con desprecio “El Indio”. No tardó en cerrar bocas y levantar gritos por su maestría que demostraba defendiendo y atacando el aro, porque Manuel... sí que sabía volar.
33.- La China Poblana. Según la leyenda, así se le llamó a una esclava de origen noble que fue traída desde la India. Fue raptada por piratas portugueses y vendida en México durante el porfiriato. Su nombre era Mirra, pero al convertirse al cristianismo se le impuso el de Catarina San Juan. Ya en la ciudad de Puebla, ella misma, con sus propias manos, habría diseñado el popular traje que ahora se conoce como de china poblana.
34.- Don Juan Manuel. El primer asesino serial del país. Allá por 1636, este noble, venido con la comitiva del Virrey, comenzó a sospechar que su mujer lo engañaba. Investigó por todos lados, espió y preguntó hasta que sus celos llegaron al extremo de hacer un pacto con el demonio: su alma a cambio de que le revelara la identidad del infiel. El espíritu se le apareció. Le ordenó que todas las noches saliera de su casa exactamente a las once, y que asesinara al primer hombre que pasara por ahí. Cuando el diablo se le apareciera junto al cuerpo, Don Juan Manuel sabría que su honor había sido vengado. Así lo hizo: durante muchas noches se escondía en las sombras, esperando. Cuando alguien se acercaba, le preguntaba: “Disculpe, usarcé, ¿qué horas son?”. “Las once”, respondía el desgraciado. “Dichoso usarcé, ¡que sabe la hora en que muere!”, decía y le clavaba un puñal al infeliz. Don Juan Manuel tuvo un final trágico… y sobrenatural.
35.- El caníbal de la Guerrero. José Luis Calva Zepeda, dramaturgo y poeta, escribió las obras Instintos caníbales y la Noche anterior. En ellas, imaginaba sus crímenes; en algunos de sus poemas, se decía frustrado por no poder ser madre, pues era bisexual. La policía encontró en su departamento el cuerpo desmembrado de una desaparecida. Se le vinculó con el asesinato de otras más. El dictamen aseguró que devoraba a sus víctimas. Se suicidó en su celda, dos meses después de ser aprehendido, en 2007.
36.- El Pozolero. Santiago Meza López, alias “El Chago” o “El Chaguito” era el encargado de desaparecer los cuerpos de los ejecutados por parte de una célula del cártel de Tijuana. Para ello, colocaba los restos en un tambo, les vaciaba agua y sosa cáustica y hacía “pozole”: los cuerpos se deshacían. Se calcula que desapareció a más de 300 narcotraficantes.
37.- María Sabina. María Sabina Magdalena García nació en 1894 y murió en 1985. Originaria de Huautla de Jiménez, en la Sierra Mazateca, fue curandera, chamán, sanadora. Conocía a la perfección el uso ceremonial y curativo de los hongos alucinógenos oaxaqueños. Se volvió celebridad internacional, símbolo del movimiento de libertad de los años 70. Ella aseguro que “existe un mundo más allá del nuestro, un mundo que está lejos, también cercano e invisible. Ahí es donde vive Dios, el muerto y los santos…”.
38.- Juana Cata. Doña Catalina Romero fue amante de Porfirio Díaz y vivió en el Istmo de Tehuantepec. Don Porfirio ordenó que las vías del tren pasaran cerca de su ventana, para que así, cuando él viajara, pudiera detener el tren, bajar y besar a su amada clandestina.
39.- La tamalera. En julio de 1971, en la calle Pirineos, colonia Portales, Trinidad Ramírez asesinó a su marido con la ayuda de su hijo y de su yerno. La mujer lo golpeó con un bat de béisbol. Su hijo, carnicero de oficio, le cortó las piernas; el yerno, hábil carpintero, serruchó los huesos. Metieron todo en bolsas que aventaron a un basurero. Todo, menos la cabeza, que hirvieron y con ella prepararon tamales. Este sabroso antojito se vendió muy bien al día siguiente por la mañana, al grado de que no quedó ni uno solo.
40.- Doña María Luisa. La ciudad de Aguascalientes fue fundada en 1575, y dependió primero del gobierno de Nueva Galicia (Jalisco) y después del de Zacatecas. Fueron muchos años de luchas legales, ruegos y exigencias por parte de los pobladores, pero jamás se los concedió su autonomía o independencia. Cierta noche, el general Antonio López de Santa Anna pasó por el lugar y se quedó a dormir en una hacienda. La esposa de su anfitrión era una bella, bellísima mujer llamada Doña María Luisa. Ella no desaprovechó la oportunidad y le dijo: “Aguascalientes puede ser libre, general, basta con que usted lo quiera. Llegaríamos hasta el sacrificio para obtenerlo”. ¿Hasta el sacrificio?, preguntó Santa Anna. Entonces acercó sus labios a la boca de la hermosa mujer y los fundió en un apasionado beso que enmudeció a los presentes. Minutos después, Doña María Luisa gritaba emocionada desde el balcón: “¡Somos libres! ¡Por fin Aguascalientes es independiente!”. A la mañana siguiente, por orden del presidente, comenzó el trámite legal de independencia.
41.- José Rubén Romero. Poeta, novelista y cuentista de vida aventurera, traviesa, pícara y ocurrente igual que su obra. Su libro más conocido es La vida inútil de Pito Pérez. Rubén estuvo a punto de ser fusilado por los revolucionarios, pero nunca se alejó de la alegría. Siendo niño, su mejor amigo (que le enseñaba a decir groserías) le pidió que, cuando la costurera estuviera dormida, le metiera la mano en las enaguas y le contara lo que había encontrado. Después de hacerlo, Rubén le dijo: Nada, no tiene nada; barbas, como las que tiene mi tío Valentín en los cachetes...
42.- La Planchada. Se dice que se disfrazaba de enfermera, maletín en mano, y ayudaba a los enfermos terminales a morir con dignidad. Los enfermos se lo agradecían, al igual que los parientes afligidos y cansados. Esta mujer, escondida entre las sombras, cortaba de tajo con el sufrimiento y el dolor gracias a la eutanasia. Lo hacía, hace más de veinte años, lo mismo en Monterrey que en Tlaxcala, Puebla, Guadalajara, Veracruz y el Distrito Federal. Nadie supo su nombre, pero la apodaban “La Planchada”.
43.- El buzo del Ajusco. A principios del nuevo siglo corrió este rumor. El Ajusco, esa imponente montaña ubicada en el Distrito Federal, se vio afectada por incendios en la época de sequía. El fuego tardó en ser controlado. Al visitar la zona para evaluar los daños, los expertos encontraron algo increíble: un hombre en traje de buzo, perfectamente equipado, que murió por quemaduras. Aún sujetaba con fuerza un arpón. Nadie sabe cómo llegó hasta lo alto del cerro.
44.- Jaime Contreras. La madrugada del 28 de julio de 1957, la ciudad de México se estremeció con un poderoso terremoto. Entre los daños, la famosa estatua conocida como El Ángel de la Independencia cayó de su pedestal. Jaime Contreras, un humilde obrero, se acercó a la enorme cabeza decapitada. Entre los restos, encontró un papel viejo y marchito. Al leerlo, lo supieron: era una carta de amor que el escultor había introducido en la estatua. Era para su novia, que lo había abandonado días antes de terminar la fundición. No se atrevió a entregársela, y la escondió en el Ángel para eternizar su amor.
45.- El Jamaicón Villegas. Fue futbolista, seleccionado nacional. Cuando, en los años sesenta, el equipo nacional obtuvo un decepcionante resultado en tierras inglesas, el “Jamaicón” (apodado de esta manera porque solía llorar en público) se sinceró y ofreció explicaciones. Había jugado mal porque extrañaba a su mamá, tenía muchos días sin comer birria… y la vida no era vida estando lejos de su tierra amada.
46.- El Mago Septién. Durante la Serie Mundial de 1955, entre los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Brooklyn, el famoso cronista narró soberbiamente el partido… que nunca presenció. Lo hizo, con efectos de sonido incluidos y sin conocer las jugadas, desde su cuarto de hotel. Se dice que se quedó dormido, que se emborrachó, que no quiso pagar los derechos de transmisión y se embolsó el dinero. Sea como sea, con esto, el “Mago” refrendó su conocido apodo.
47.- El profesor Zovek. El enigmático escapista era luchador, boxeador, y presumía una condición física a toda prueba, la cual hizo que los expertos lo compararan con el mismísimo Bruce Lee. Implantó un récord mundial: 8 mil 350 abdominales consecutivas. Jalaba autos y camiones con los dientes, o bien detenía motocicletas en movimiento. Murió en 1972, al descender de un helicóptero por medio de un cable, al parecer por fallas del piloto.
48.- Fernando Marcos. Más conocido por su peculiar forma de narrar, don Fernando fue antes jugador y después árbitro. Durante un partido entre Necaxa y Asturias, en que este último podía coronarse campeón, el árbitro se desempeñó dudosamente. Los seguidores del equipo local, irritados por la derrota, literalmente incendiaron el recinto, por lo que la gente decía, en son de burla, que Fernando Marcos quemó el legendario Parque Asturias.
49.- El Cinco Copas. Antonio “La Tota” Carbajal, el primer futbolista en participar en cinco mundiales, de 1950 a 1966. Por desgracia, es también el portero de la selección que más goles ha recibido. México perdió 10 de 14 partidos y “La Tota” admitió 25 de 33 anotaciones.
50.- Ángela Peralta. En España la llamaban “El Ruiseñor mexicano” y nació en 1845. Es, sin duda, la voz más hermosa que ha dado el país. Triunfó en todo el mundo, particularmente en las cortes europeas. Su físico, sin embargo, era poco agraciado y esto fue un obstáculo para su carrera. Al morir, su representante mostró documentos, según los cuales, Ángela y él se habían casado minutos antes del trágico final, por lo que el empresario, más vivo que enamorado, heredó todo el patrimonio que doña Ángela dejó.
El próximo lunes, los 50 restantes. Entre ellos, San Malverde, El enemigo público número 1, Chayito, El elote cancionero, Agapito Treviño, Lupe Rivas Cacho, La madre Conchita, El enano del tapanco, El aguacate chico, Goyo Cárdenas, El Chalequero, El hombre del corbatón y diversos oficios, ahora extintos, que rayan en lo cómico y en lo picaresco.

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